¡No tengo tiempo!

Por José R. Fortuño Candelas

De todas las excusas que suelo escuchar en mis estudiantes, cuando no han realizado la tarea asignada, la más común es la de «no tuve tiempo». Es también la más creída; casi siempre, cuando decimos que no tuvimos tiempo, nos lo estamos creyendo.

Intrigado por este problema del tiempo, he tomado por costumbre preguntarle a mis estudiantes en qué estuvieron usando su tiempo, ya que no les alcanzó para la tarea. Casi invariablemente, una de las actividades que más tiempo les consumió fue ver televisión. Entonces les pregunto cuánto tiempo estuvieron viendo televisión durante la semana.

Debido a que casi nadie me dice que enciende la televisión para ver algún programa específico por su contenido, encuentro que casi siempre se usa para ver «lo que estén dando», para pasar canales hasta encontrar algo interesante o para ver algo que, aunque la persona acepta que es una porquería, lo ve porque «no hay mas ná…».

Lo peor es que cuando sacamos cuentas, la cantidad de horas dedicadas a esta actividad, si es que puede llamarse así, es sorprendente. Un joven, por ejemplo, calculó en 14 las horas que estuvo viendo televisión durante una semana, luego de haberme dicho que no tuvo tiempo de hacer una asignación que, a lo sumo, le hubiera tomado media hora.

Cuando le pregunté si podía recordar algo interesante que vio, me contestó que la mayor parte eran series repetidas. Uso el ejemplo de la televisión porque me parece especialmente significativo, pero hay otras actividades similares que no nos producen ningún beneficio, ni personal ni económico, y a las cuales dedicamos grandes cantidades de tiempo.

Una joven me calculó en más de diez horas las que pasaba hablando por teléfono en una semana y, cuando le pedí que resumiera algunas cosas importantes que había hablado, no pudo señalar ninguna. Pero no son sólo los jóvenes los que incurren en este desperdicio del tiempo, para luego darse cuenta de que dejaron de hacer tareas importantes.

Todos podemos evaluar nuestras actividades y vamos a encontrar una buena cantidad de las mismas que son superfluas y prescindibles. Vemos telenovelas que dan vueltas y vueltas sobre lo mismo capítulo tras capítulo y conversamos todos los días a la hora del almuerzo con las mismas personas sobre los mismos temas cuando podríamos utilizar ese tiempo para leer ese libro que hace tiempo tenemos pendiente o realizar alguna tarea atrasada.

Fíjese que no me estoy refiriendo a actividades de recreo y entretenimiento que nos ayudan a descansar y a relajarnos. La inversión de parte de nuestro tiempo en estas actividades es muy productiva en todos los sentidos. Me estoy refiriendo a esas actividades, principalmente pasivas, usualmente repetitivas y casi siempre poco retantes a nuestro cerebro en las que nos envolvemos en forma rutinaria.

Llegamos a la casa y encendemos el televisor automáticamente, como si nos hiciera falta; recibimos una llamada telefónica y nos envolvemos en una larga conversación sin evaluar si realmente queríamos hacerlo.

Muchas veces nos ponemos a hacer algo importante y, a la misma vez, hacemos otras cosas de menor importancia que nos distraen y hacen que la tarea nos tome el doble o el triple del tiempo que hubiera tomado si nos concentráramos. Un ejemplo muy común de esto es el estudiante que insiste en leer mientras ve televisión o chatea.

Algunas recomendaciones para mejorar el uso del tiempo y dejar de usar la excusa de «no tengo tiempo» son:

  • Evalúe las cosas que hace rutinariamente y decida cuales puede y debe poner en un segundo plano y cuales tiene que asegurarse de hacer.
  • Decida que usted no es una víctima indefensa de lo que sucede a su alrededor y controle lo que hace y la cantidad de tiempo que dedica a cada cosa.
  • Haga un cálculo lo más exacto posible de cómo transcurre su día y su semana y cuánto tiempo dedica a cada cosa. Luego, analice y decida si esas proporciones de tiempo son razonables, sobre todo desde el punto de vista de lograr las metas que se ha propuesto.
  • Planifique el tiempo que va a dedicar a cada tarea y vaya evaluando si las puede realizar en el tiempo que planificó, de manera que cada vez pueda hacer planes más precisos.
  • Sí encuentra que dedica demasiado tiempo a actividades poco productivas, haga un plan de cómo va a dejarlas o a reducirlas significativamente. Con la televisión, es conveniente decidir qué programa o programas va a ver, encenderla o sentársele enfrente solamente cuando sea la hora de verlos y mantenerla apagada el resto del tiempo.
  • Busque periodos, aunque pequeños, a los cuales asignar determinadas tareas o actividades. Por ejemplo, si usted tiene una hora de almuerzo, pero lo hace en la mitad, propóngase usar la otra media hora todos los días para leer un buen libro, o para hacer ejercicios, en vez de envolverse en la misma conversación circular de todos los días.
  • Cuando comience a hacer una tarea, evite las interrupciones; posponga éstas y no la tarea. A menudo, comenzamos a realizar una tarea, que puede ser estudiar o puede ser organizar un escritorio, y recibimos una llamada de algún amigo o familiar para conversar. En vez de atender la llamada en ese momento, digámosle que le llamaremos más tarde, cuando hayamos terminado lo que nos habíamos propuesto
  • Evaluemos también la forma en que hacemos las tareas necesarias y determinemos si tenemos las destrezas o los medios para hacerlas de la manera más eficiente. Si la contestación es que no, entonces propongámonos inmediatamente aprender a hacerlo mejor. Un estudiante, por ejemplo, se queja de que pasa mucho tiempo leyendo y que, luego, no le da tiempo de analizar lo leído. Es evidente que necesita mejorar su lectura para reducir el tiempo y mejorar la comprensión.

Se trata de una serie de decisiones y acciones sencillas, todas con el propósito de ganar control sobre nuestro tiempo y dejar de perderlo inútilmente. Cada vez más es cierto aquello de que «el tiempo es oro». El tiempo es dinero y cuando decimos «no tengo tiempo» estamos, en realidad, haciendo una admisión de que lo hemos malgastado.

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Por qué y cómo optimizar la lectura

“Leer es una destreza. Mientras más se practica, mejor se hace. Mientras mejor se hace, menos esfuerzo se requiere. Mientras menos esfuerzo se requiere, más se puede y se quiere hacer. Desafortunadamente, esta espiral positiva también opera en sentido contrario. Para el lector más débil es un círculo vicioso. A esto se le suma luego el rechazo por parte del estudiante”. Keith J. Topping

A diferencia del lector “normal”, el lector avanzado usa varias estrategias para lograr su objetivo con la lectura. Todas estas estrategias parten de la premisa de que realizamos una lectura activa, no pasiva. Leemos con un propósito definido y estamos conscientes de que en cada lectura nosotros somos co-autores, que construimos nuestra propia comprensión de lo que leemos.

Algunas de estas estrategias las desglosamos a continuación:

Anticipación y retrospección

Entre otras cosas, los lectores avanzados se cuestionan constantemente lo que están leyendo. Dichas preguntas, tales como ¿por qué pasó eso?, ¿qué va a pasar en adelante?, ¿qué significado o importancia tiene este nuevo personaje?, ¿hacia dando me está llevando el autor con eso que acaba de decir?, van dando al lector avanzado una mayor comprensión y dominio del material que está leyendo.

Con la anticipación y la retrospección, vamos hacia el frente y volvemos hacia atrás en el texto, de manera que vamos construyendo nuestra comprensión de manera activa. Periódicamente, debemos detenernos a meditar, a hacernos y contestarnos esas preguntas. Así, en cada nueva pausa, comprobaremos si nuestras anticipaciones se realizaron o si fueron erróneas y haremos nuevas anticipaciones, hasta completar la lectura.

Preparar la lectura

El lector avanzado hace una prelectura, investiga acerca del libro, de su autor, trata de formarse una idea general para comenzar la lectura estando ya en contexto y poder comprender, por tanto, mejor. Siempre habrá una mejor comprensión cuando ya se está familiarizado con el libro que si se toma el mismo sin ese estudio previo.

Crear las condiciones óptimas para la lectura

El lector avanzado no lee cuando puede o cuando le sobra tiempo. Por el contrario, planifica, organiza, prepara tanto el mejor momento como el mejor lugar. Cada quien puede saber, de acuerdo a su persona y sus circunstancias, cuál es la parte del día donde es más productivo y se puede concentrar mejor. Igualmente, el lugar donde se lee debe estar libre de distracciones, ser cómodo y permitir una buena postura al lector.

Practicar, practicas y practicar

No existe manera de lograr el dominio de una destreza o habilidad, que no pase por la práctica continua, consciente y dirigida de la misma. Como dice la cita arriba, mientras más se practica la lectura, mejor se hace. Pero, igualmente y en sentido inverso, mientras menos se practica, peor será la misma. El lector avanzado, consciente de esto, practica la lectura, se mantiene leyendo de uno o varios temas siempre. De esa manera, el esfuerzo cada vez será menor.

Todas estas ideas forman parte del concepto de lectura óptima que presentamos en nuestro curso Lectura Veloz, Método de Estudio y Memoria. En el curso, junto con otros ejercicios y prácticas, nos dirigimos a cambiar nuestro propio enfoque como lectores. La meta es pasar de ser lectores comunes a ser lectores óptimos, lectores en pleno control de nuestro proceso de aprendizaje y mejoramiento personal a través de la lectura.

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5 Razones por las que leer rápido es bueno para tu cerebro

La Lectura Veloz no tiene que ver solamente con leer más rápido. Queremos, también, comprender mejor y retener más lo que leemos. Pero hay otro aspecto que no siempre se resalta, y es que leer más rápido tiene muy buenas consecuencias en nuestro cerebro.

Casi todo el mundo se acerca a un curso de Lectura Veloz motivado por la gran necesidad de cubrir mucha cantidad de lecturas, sea por requisitos académicos o profesionales. Otras personas llegan buscando leer más, pues quieren cultivarse a sí mismos. Cuando comienzan a practicar el método, sin embargo, se dan cuenta de otros beneficios que no habían sospechado.
Aquí hay varios de esos beneficios:
Mejor enfoque
El método tradicional de lectura no es eficiente, pues se lee a una velocidad inferior a nuestra capacidad. La mente, por tanto, divaga mientras se lee. Al terminar una página, muchas veces no se recuerda nada… y hay que volver a leerlo. La Lectura Veloz corrige esto. De hecho, todos los ejercicios de un curso de Lectura Veloz están dirigidos a mejorar la concentración.
Mejor Memoria
Nuestro cerebro funciona como un músculo, en el sentido de que si se usa más va a funcionar mejor y tener más fuerza. La Lectura Veloz reta a nuestro cerebro a funcionar al máximo de su capacidad. Diversas áreas del cerebro van a fortalecerse, entre ellas la memoria.
En nuestro curso, además, ofrecemos un entrenamiento en las mejores técnicas de memorización disponibles.
Más altos niveles de autoconfianza
Mientras más rápido se lee, más se lee. Eso hace que uno se informe más de cualquier área de interés. Más información va a ser igual a más opciones en la vida y a una visión más profunda de todo lo que nos rodea. La confianza en nosotros mismos, por tanto, va a aumentar.

Pensamiento más lógico

Si vemos la lectura como el más completo ejercicio para nuestro cerebro, podemos concluir que un incremento en la misma (y realizarla retando nuestra capacidad), va a tener como consecuencia que seamos más capaces de discernir entre distintas informaciones y encontrar correlaciones entre los datos que recibimos.
Sensación de bienestar emocional
Leer es una actividad muy relajante. Puede ayudar a reducir el estrés pues, al sumergirnos en la lectura, olvidamos muchas preocupaciones y tensiones del diario vivir. El lector veloz, como se concentra más, logra esto en un nivel superior.
Piensa en tu cerebro como en tus músculos. Entrénalo y será más fuerte, te servirá más eficientemente y, en general, te sentirás mejor.
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