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La curva del olvido y cómo tú puedes usarla a tu favor

¿Has escuchado hablar de la “curva del olvido”? Posiblemente no, pero sí es seguro que has experimentado la misma en tu vida, muchas veces.

La curva del olvido es el resultado de los estudios realizados sobre la memoria por el psicólogo alemán Hermann Ebbinhaus hace muchos años. Él descubrió que la memoria y el olvido funcionan de manera diferente al concepto que tiene la mayoría de la gente.

En general, se piensa que lo que se aprende o memoriza se recuerda mejor en el tiempo más cercano a haberlo aprendido o memorizado. Debido a eso, se suele dejar para estudiar hasta el momento más cercano al examen, pensando que de esa manera se va a recordar mejor. Ebbinhaus descubrió que es lo contrario.

Lo que él resumió en la gráfica de la curva del olvido tiene repercusiones importantísimas para todos nosotros, porque nos permite entender cómo olvidamos y, sobretodo, cómo contrarrestar el olvido de aquello que necesitamos recordar.

Esta es la curva del olvido:

La curva indica que de todo lo aprendido o memorizado en un momento dado (día 0), la mayor parte se va a olvidar en menos de 24 horas. De hecho, el olvido mayor ocurre en las primeras ocho horas. Ya después del tercer día, sólo se retendrá cerca de la cuarta parte y, con el tiempo, solo se recordará la quinta parte.

Estos hallazgos han sido comprobados una y otra vez por otros estudios. Y seguramente, por ti, que me lees, cuando has sentido la frustración de olvidar lo que habías estudiado y creías que te lo sabías perfectamente y no se te podría olvidar.

Lo bueno es que con el conocimiento de cómo se produce el olvido, podemos contrarrestarlo. La clave está en el repaso, y, sobretodo, en los repasos espaciados. Con ellos, el material estudiado puede aprenderse permanentemente y evitarse el olvido.

Un plan de repasos espaciados efectivo es parte de un Método de Estudio sistemático y un método así es esencial para potenciar al máximo nuestro aprendizaje.

En el curso Lectura Veloz, Método de Estudio y Memoria, aprendemos cómo usar nuestra memoria al máximo a través de la comprensión de cómo se produce el recuerdo y el olvido y con las mejores técnicas. Hoy más que nunca es esencial desarrollar nuestras capacidades mentales para asegurar el éxito en todo lo que nos propongamos.

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¿Es posible -realmente- leer mejor?

Si le haces la pregunta del título a la mayoría de las personas, seguramente, la contestación será negativa. Es posible que tu propia contestación también sea negativa. O, al menos, escéptica, dudosa.

Lo curioso es que quienes asumen esta actitud de negación o duda de la posibilidad de mejoramiento de la lectura, casi siempre admiten estar descontentos con su forma de leer y los resultados que obtienen. ¿Por qué, entonces, esa actitud resignada y fatalista?

Leer es un proceso aprendido, usualmente, a temprana edad. Cuando ya el niño lee bastante de corrido, en el tercer grado de escuela elemental, se considera la lectura como dominada. De ahí en adelante, se le asignan lecturas en forma progresiva, pero la destreza, la forma de leer, ya no se toca.

De manera que la destreza más importante en el aprendizaje, no sólo el académico, sino durante toda la vida, se considera dominada a los ocho años de edad. Aquí encontramos la raíz de la ineficacia de la lectura y, también, de la pobre actitud hacia la misma que tiene la mayoría de la gente.

¿No te sientes, al menos en parte, identificado con esta situación?

Veamos lo que pasaría si se asumiera una actitud pedagógica parecida en otro escenario. Digamos que tenemos un niño que muestra aptitud y talento hacia un deporte. Supongamos que, entre los cinco y los ocho años de edad, le enseñamos todo lo que se puede a esa edad sobre la práctica de dicho deporte. Asumamos que el niño es, a sus ocho años, el mejor en su disciplina.

Ahora dividamos el ejemplo en dos posibles desarrollos. En el primero, no le enseñamos nada nuevo ni lo entrenamos más, pero el niño sigue practicando el deporte con sus amigos todos los días. En el segundo, seguimos dándole al niño enseñanzas y entrenamientos continuamente y, además, el niño juega el deporte bajo supervisión todos los días.

¿Qué podríamos esperar del niño a los 16 años en cada una de las dos situaciones? ¿En cuál de los dos posibles desarrollos podríamos suponer que el niño se va a convertir en un gran prospecto?

Claramente, el niño que no siguió recibiendo instrucción y entrenamiento, aunque tuviera un gran talento natural, no va a destacar significativamente sobre los demás. En cambio, el niño que recibió instrucción, entrenamiento y refuerzo durante todo ese tiempo, seguramente seguirá siendo el mejor y tendrá un gran futuro.

Ahora piensa, ¿a cuál de los dos ejemplos se parece más tu proceso de aprendizaje de la lectura? ¿Al del niño que le siguieron mejorando la técnica o al que solamente lo dejaron practicar sin entrenamiento?

Lamentablemente, la enseñanza de la lectura abandona el entrenamiento en la destreza muy temprano y la misma nunca llega a dominarse plenamente. Las consecuencias son la baja velocidad y comprensión y, sobretodo, una pobre actitud y hábito de lectura.

Afortunadamente, esta situación puede corregirse y nunca es demasiado tarde, si ponemos empeño y aprendemos los métodos adecuados para el mejoramiento de la lectura.

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Para concentrarse mejor en la lectura

La lectura, para lograr la mayor comprensión y poderse retener lo leído, requiere de un máximo de concentración. Si no se concentra, la persona que lee pasa su vista sobre las palabras y siente como si estuviera leyendo, pero, al final, no recuerda casi nada.

Es posible que usted ha podido estar un rato leyendo y, luego de una página o dos, mirar hacia atrás y no recordar nada. Es más, seguramente eso le ha estado pasando toda la vida. Quizás ha pensado que esto es inevitable, pero no tiene por qué ser así.

Si cuando se lee la mente está en otra parte, si se piensa en otros asuntos, el hilo de la lectura se interrumpe constantemente. La lectura se convierte en una actividad mecánica, automática. Esa automatización es positiva para muchas otras actividades. Cuando usted maneja un automóvil, por ejemplo, no tiene que pensar en cada detalle del manejo, los mismos los realiza automáticamente. De igual manera, muchas actividades manuales las puede realizar mientras, a la vez, piensa o habla de otra cosa. Con la lectura, eso no funciona así.

La lectura es una actividad que requiere nuestra plena atención. Sin ello, la comprensión se reduce y el esfuerzo es inútil.

El método de la Lectura Veloz es muy eficaz para mejorar la comprensión y, por supuesto su dominio a través de nuestro curso le ayudará a conquistar la distracción. Pero vamos a entrar en algunos factores que contribuyen a lograr una concentración en la lectura.

  • Programar el tiempo y el espacio de la lectura. Establezca con anticipación cuándo va a leer y dónde y prepare todo para cumplir con ese plan. La lectura no puede ser eso que se hace cuando sobra tiempo, sino una actividad importante a la cual usted le asigna su momento y su lugar.
  • Prepare el mejor espacio. Para algunas personas, el silencio absoluto es esencial, mientras que otras pueden concentrarse en medio del ruido y el bullicio. Conózcase y prepare las mejores condiciones posibles para la lectura.
  • Elimine todos los elementos distractores. Lea sin tener ante sí objetos que le llamen la atención. Hoy día, parece que no podemos vivir sin tener activas las pantallas de los celulares y las computadoras. La fuerza con que las pantallas nos atraen y capturan nuestra atención es extraordinaria. Pero sí podemos controlarlos, apagarlos, ponerlos en silencio. También podemos notificar a nuestras amistades que no vamos a estar disponibles por el tiempo que hayamoss destinado a la lectura.
  • Negocie con la familia. No siempre el resto de la familia entiende que el que está leyendo necesita que le den su espacio y le interrumpen constantemente con ruidos y conversaciones. Hay que “negociar” con los demás, además de hacerles comprender nuestra necesidad de no ser interrumpidos.
  • No procrastine. Una de las causas más frecuentes de distracción es el pensamiento recurrente de los asuntos que tenemos pendientes. Por ello, es fundamental resolver esos asuntos a tiempo, para que nuestra mente pueda ocuparse de la lectura. Cada asunto que hemos dejado para después es un asunto que va a venir a nuestra mente continuamente mientras tratamos de leer.

  • Mejore su actitud hacia la lectura. Es muy difícil que consiga concentrarse si está leyendo de mala gana. Una actitud negativa hacia cualquier actividad hace que la misma se realice con menor calidad, pero con la lectura esto es peor, por lo mismo de que requiere que toda nuestra capacidad mental esté en ella. Aunque muchas veces tenemos que leer cosas que no quisiéramos, siempre podemos mejorar nuestra actitud y encontrar en lo que estamos leyendo un sentido mayor.
  • Tome la dosis adecuada. Si usted trata de leer por un largo periodo de tiempo, verá que según pasa el tiempo, su concentración disminuye. Es mejor dividir el tiempo de lectura en varios periodos más cortos, con un descanso en el medio.

Nada de lo que hemos dicho aquí se consigue con facilidad. Se requiere que se haga un esfuerzo con disciplina para lograrlo. Pero no es imposible. Usted puede mejorar su concentración y aumentar la retención de lo leído.

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La práctica de la lectura predice el éxito

Que la práctica de la lectura está vinculada al éxito –y su ausencia al fracaso– es algo que todo adulto educado ha podido constatar a través de su propia experiencia. Todos hemos podido ver cómo las personas con más conocimientos, las más actualizadas, obtienen las mejores posiciones.

Hay estudios recientes que comprueban este saber común.

Veamos un estudio* de la Universidad de Oxford, hecho con 17,000 jóvenes nacidos en 1970. Se encontró que de todas las actividades extracurriculares que realizaban a los 16 años, la única que estaba relacionada con tener un mejor empleo a los 33 años era la lectura. Para las muchachas, haber leído libros a los 16 años aumentaba la probabilidad de ocupar una posición gerencial de 25 a 33 por ciento, y para los muchachos de 48 a 58 por ciento.

Ninguna de las otras actividades, como tocar un instrumento musical, asistir a conciertos, coser, etc. tuvo un efecto similar. Jugar juegos de computadora y no hacer otras cosas tuvo, por el contrario, un efecto negativo.

Los mismos efectos se observaron en las probabilidades de que los jóvenes entraran a la universidad. La lectura por placer está vinculada a un aumento en las probabilidades de iniciar una carrera universitaria de 24 a 35 por ciento en los varones y de 20 a 48 por ciento en las hembras.

Igualmente, tener como única actividad los juegos de computadora reduce las probabilidades de entrar a la universidad, pues para los que lo hacían a los 16, las probabilidades se redujeron de 24 a 19 por ciento para los varones y de 20 a 14 por ciento para las muchachas.

¿Qué quiere decir todo esto para cada uno de nosotros? Pues que una de las herramientas principales que tenemos para asegurar nuestro progreso, tanto académico como profesional, es mejorar nuestra práctica de la lectura. Esto es importante para los jóvenes, como el estudio demuestra, pero nunca es tarde, y a cualquier edad podemos proponernos una estrategia de mejoramiento personal.

Algunas acciones que podemos tomar en esta dirección son:

  • Proponernos una meta real con respecto a la lectura. Si nunca leemos, proponernos leer un libro al mes puede ser una meta realista.
  • Convertir esa meta en una rutina diaria. Si pensamos en el mes entero, y en el libro completo, quizá la meta se vea como muy grande y difícil. Pero si establecemos un periodo de cada uno de nuestros días para la lectura de, por lo menos, 15 minutos, y si le asignamos una hora específica, entonces será una meta alcanzable.
  • Compartir con nuestra familia y amistades nuestra meta. De esta manera, convertimos a los demás en una especie de red de apoyo. Es muy probable que, a la misma vez, consigamos que algunos se nos unan.
  • Mejorar nuestra lectura por todos los medios a nuestro alcance. Aumentar la práctica de la lectura, ya de por sí, va a tener un efecto de mejorar la forma en que lo hacemos. Pero si añadimos el capacitarnos en las técnicas más avanzadas de lectura, tales como las que se ofrecen en un curso de Lectura Veloz, podremos alcanzar nuestras metas de manera más rápida y segura.

Uno de los efectos más interesantes que observan nuestros estudiantes, además del obvio aceleramiento de la lectura y del no tan obvio, pero igual de real, aumento en la comprensión, es el aumento en el entusiasmo y el gusto por la lectura.

Si hasta hoy no has hecho de la lectura una práctica regular, puede ser, en parte, porque tu lectura es lenta y con una comprensión menor que óptima. Y es difícil que una actividad que se realiza en forma poco eficiente, que toma mucho tiempo y rinde poco fruto, se convierta en algo que realizamos con interés y entusiasmo. Esto es particularmente cierto en los niños y jóvenes, pero los mayores también lo experimentan.

Mejorar la forma de la lectura, a través de la técnica de la Lectura Veloz, unido a un plan realista de aumentar la cantidad de libros, artículos, etc. que lees, se reflejará más pronto que tarde en éxitos tanto en lo académico como en lo profesional. El éxito está reservado para el que se mantiene continuamente estudiando, mejorando, aumentando y actualizando sus conocimientos.

*https://www.sciencedaily.com/releases/2011/05/110504150539.htm

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