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El efecto Pigmalión

En la mitología griega, Pigmalión fue un rey de Chipre y, además, un escultor. Se obsesionó con la idea de la belleza que no encontraba en las mujeres y creó una figura de marfil que, para él, era más bella y perfecta que ninguna mujer. Todos los días trabajaba perfeccionando su escultura y por las noches soñaba que era de carne y hueso.

La diosa Afrodita se conmovió al observarlo y le concedió su deseo, con lo que la estatua pasó a ser una hermosa mujer, llamada Galatea. Con el tiempo, el mito de Pigmalión ha pasado a significar que si creemos en alguien de determinada manera, haremos que se convierta en lo que creemos que és.

En los años sesenta, un psicólogo de nombre Robert Rosenthal realizó un interesante experimento. Realizó unas pruebas a unos estudiantes y, sin prestar atención a los resultados, escogió un grupo de las mismas y les informó a los maestros que estos estudiantes eran excepcionalmente inteligentes, que podrían esperar grandes resultados de ellos. Al cabo de ocho meses, ese grupo había mejorado sus calificaciones por encima del promedio de la clase.

Como los maestros estaban convencidos de que estos alumnos eran «excepcionales», les brindaron más apoyo, atención y tiempo. Estos estudiantes se destacaron, no porque fueran más brillantes, sino porque sus maestros creyeron que lo eran. La conclusión de Rosenthal confirmó lo que se ha venido a llamar el «efecto Pigmalión», que mientras más altas sean las expectativas que tiene una persona acerca de otra, más probable será que ésta logre resultados positivos.

El efecto Pigmalión se hace evidente en las escuelas, así como en las empresas y familias. Y se manifiesta tanto en la dirección positiva como en la negativa. Si un jefe tiene grandes expectativas con su empleado, es casi seguro que logrará un gran resultado. Si no espera nada o muy poco, eso es lo que obtendrá.

En la familia, las expectativas que ponen los padres en sus hijos e hijas son determinantes en su desarrollo, su autoimagen y autoestima. Cuando esperan mucho de ellos, les orientan, les elogian y les estimulan, van a obtener resultados muy distintos de cuando los etiquetan como perdedores, como poco inteligentes, como lentos.

Lo que funciona a nivel individual lo hace también en las empresas y organizaciones. Si los que las dirigen creen en ellas, invertirán en ellas mucho más que dinero; pondrán en ellas el apoyo, el estímulo, la atención necesaria para que sean como las han soñado.

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10 maneras de esculpir un cerebro saludable

 

 

El ilustre Premio Nobel español, autor de la “doctrina de la neurona”, don Santiago Ramón y Cajal, dijo una vez:

“Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro.”

Con esta idea, Ramón y Cajal, como era su costumbre, se adelantó en casi cien años a sus tiempos, con conceptos que apenas hoy van viéndose plenamente demostrados y adoptados. En esta idea podría resumirse el concepto de “reserva cognitiva”, una idea que cada vez toma más importancia en todos los campos que estudian y promueven una salud cerebral para toda la vida.

En forma resumida, la reserva cognitiva es la capacidad que tienen algunas personas para soportar mejor la patología cerebral que a otros lleva la demencia, como la Enfermedad de Alzheimer. Esa reserva cognitiva es, en efecto, una reserva cerebral, es decir, una capacidad aumentada del cerebro, tanto en tamaño como en formas de procesar información, gracias a la cual algunos individuos no desarrollan los síntomas de la demencia, a pesar de verse atacados por el mismo deterioro de sus cerebros.

Diversos estudios han demostrado que un cierto número de personas, tanto como un 30% en una muestra de ancianos que no padecieron demencia, mueren con lesiones similares en sus cerebros a los que sí padecieron estos males. Se han identificado varios factores que contribuyen a la construcción de esta reserva cognitiva, y la mejor noticia es que nunca es muy tarde para comenzar a desarrollarla.

Nunca es tarde no quiere decir que pueda ser demasiado temprano. El momento, por tanto, para comenzar con una estrategia que garantice nuestra salud cerebral en los últimos años de nuestras vidas es: ¡ahora mismo!

Ve a continuación 10 maneras con las cuales podemos comenzar ahora mismo a esculpir nuestro cerebro para resistir exitosamente el deterioro.

1. Deshazte del peso extra.

Mantener una cintura controlada puede reducir significativamente el riesgo de la pérdida de la memoria. Mantén una dieta saludable y balanceada, y controla el consumo de alcohol y cafeína. Añadir a tu dieta alimentos altos en ácidos grasos del tipo omega-3 y antioxidantes, como pueden ser el pescado o las moras, puede ser una ayuda adicional.

2. Sal a caminar.

Deja el sofá, apaga el televisor y camina o corre un poco. Aun un poco de ejercicio puede hacer una gran diferencia para nuestra salud cerebral.

3. Ocúpate del mantenimiento correcto.

Atiende, bajo la supervisión de tu médico, todos los asuntos que pueden afectar tu memoria y agilidad mental. Esto incluye, sobre todo, el control de las condiciones crónicas, como la hipertensión y la diabetes, así como de la pérdida de visión o audición.

4. Duerme.

El descanso es esencial, y es una de las primeras cosas que perdemos al enfrentar un agitado estilo de vida y las presiones del trabajo.

5. Juega.

Sobre todo, juega juegos que reten tus capacidades intelectuales. Así mejorarás tus capacidades para mantenerte enfocado, pensar con rapidez, resolver problemas y aprender cosas nuevas.

6. Aprende a cómo recordar mejor.

Aprende estrategias y técnicas para mejorar tu memoria. Mientras más herramientas tengas, mejor trabajará tu memoria. Si no haz leído todavía nuestro curso “Las 20 reglas de la memoria”, aprovecha y pídelo ahora mismo respondiendo a este mensaje y, con gusto, te lo enviaré por email.

7. Estudia más.

El desarrollo intelectual es uno de los más efectivos medios para evitar la pérdida de capacidades cerebrales. Estudia esa carrera que dejaste a medias, estudia otra carrera si ya tienes una, lee acerca de esos temas que te intrigan, aprende sobre algo completamente distinto a lo que ya sabes.

8. Comparte con amistades.

Compartir con amistades, conversar, hacer chistes y escuchar a los demás es una actividad que genera gran cantidad de nueva actividad en tu cerebro.

9. Trabaja.

El trabajo es una actividad que exige nuestra atención y te reta. Si el trabajo que tienes ahora no cumple con eso, considera cambiarlo o busca alguna actividad, incluso voluntaria, donde tu cerebro se ponga en tensión. Ese trabajo te ayudará, además, a levantarte todos los días con un sentido de propósito, esencial para proteger nuestro cerebro.

10. Piensa positivamente.

No se trata de repetir frases positivas, se trata de mejorar continuamente cómo tú te sientes contigo mismo. Lo que piensas de ti mismo hará la gran diferencia. En cuanto a las capacidades de tu cerebro, trabaja con las mismas de manera que cada día te sientas mejor con esa masa de 3 libras (1300 gramos) que tienes dentro del cráneo.

Comienza hoy mismo. Te repito el pensamiento de Ramón y Cajal:

“Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro.”

Y te llamo la atención a la frase del medio: “si se lo propone”. He ahí la parte verdaderamente importante y luminosa de este pensamiento. Porque si no nos lo proponemos, vamos por una pendiente inclinada que lleva al deterioro.

Comenzamos pues, por el propósito.

 

 

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