11 claves para aprender cualquier cosa

Por José R. Fortuño Candelas

¿Quieres aprender otro idioma? ¿Te gustaría aprender un deporte? ¿Estás interesado en aprender cómo codificar? A muchos de nosotros nos gustaría adquirir nuevas habilidades, pero pensamos que es «demasiado difícil» o que «toma demasiado tiempo».

Mediante el uso de técnicas de aprendizaje acelerado, puedes aprender rápidamente las habilidades que normalmente toman meses, años o décadas de estudio. A continuación, presentamos 11 tácticas que se pueden aplicar para aprender cualquier habilidad o tipo de información.
Rompe las metas difíciles en metas alcanzables más pequeñas
Si vemos una meta lejana y difícil, nos desanimamos. Si la vemos cercana y alcanzable, nos movemos hacia el frente. «Aprender a hablar alemán» es una meta que luce enorme e imposible. «Aprender las 100 palabras en alemán de uso más frecuente» es una meta alcanzable y medible.
La clave para la mejora de sus capacidades de aprendizaje es ser capaz de romper todas sus ambiciones –ya sea que estén relacionados con los negocios, la lengua, o la salud– en una serie de pequeños objetivos, medibles, y alcanzables.
Utiliza el principio de 80:20
¿Alguna vez has oído hablar del principio de Pareto? Es una regla simple que dice que el 80% de los resultados provienen del 20% del esfuerzo. Se utiliza sobre todo en los negocios (80% de las ventas, por ejemplo, proceden del 20% de los clientes) pero se puede aplicar a cualquier cosa.
En una lengua, el 20% de las palabras representan el 80% de la lengua escrita. En la música, el 20% de las progresiones de acordes representan el 80% de todas las canciones pop. El aprendizaje acelerado requiere que usted se centre en el vital 20% y evite perder tiempo en el menos vital 80% de la tarea.
Aplica el principio de Pareto a todo tu aprendizaje, desde el vocabulario de un idioma extranjero hasta la programación de computadoras, y aprenderás más rápido que nunca.

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10 maneras de esculpir un cerebro saludable

Por José R. Fortuño Candelas
NILVEM

 

El ilustre Premio Nobel español, autor de la “doctrina de la neurona”, don Santiago Ramón y Cajal, dijo una vez:

“Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro.”

Con esta idea, Ramón y Cajal, como era su costumbre, se adelantó en casi cien años a sus tiempos, con conceptos que apenas hoy van viéndose plenamente demostrados y adoptados. En esta idea podría resumirse el concepto de “reserva cognitiva”, una idea que cada vez toma más importancia en todos los campos que estudian y promueven una salud cerebral para toda la vida.

En forma resumida, la reserva cognitiva es la capacidad que tienen algunas personas para soportar mejor la patología cerebral que a otros lleva la demencia, como la Enfermedad de Alzheimer. Esa reserva cognitiva es, en efecto, una reserva cerebral, es decir, una capacidad aumentada del cerebro, tanto en tamaño como en formas de procesar información, gracias a la cual algunos individuos no desarrollan los síntomas de la demencia, a pesar de verse atacados por el mismo deterioro de sus cerebros.

Diversos estudios han demostrado que un cierto número de personas, tanto como un 30% en una muestra de ancianos que no padecieron demencia, mueren con lesiones similares en sus cerebros a los que sí padecieron estos males. Se han identificado varios factores que contribuyen a la construcción de esta reserva cognitiva, y la mejor noticia es que nunca es muy tarde para comenzar a desarrollarla.

Nunca es tarde no quiere decir que pueda ser demasiado temprano. El momento, por tanto, para comenzar con una estrategia que garantice nuestra salud cerebral en los últimos años de nuestras vidas es: ¡ahora mismo!

Ve a continuación 10 maneras con las cuales podemos comenzar ahora mismo a esculpir nuestro cerebro para resistir exitosamente el deterioro.

1. Deshazte del peso extra.

Mantener una cintura controlada puede reducir significativamente el riesgo de la pérdida de la memoria. Mantén una dieta saludable y balanceada, y controla el consumo de alcohol y cafeína. Añadir a tu dieta alimentos altos en ácidos grasos del tipo omega-3 y antioxidantes, como pueden ser el pescado o las moras, puede ser una ayuda adicional.

2. Sal a caminar.

Deja el sofá, apaga el televisor y camina o corre un poco. Aun un poco de ejercicio puede hacer una gran diferencia para nuestra salud cerebral.

3. Ocúpate del mantenimiento correcto.

Atiende, bajo la supervisión de tu médico, todos los asuntos que pueden afectar tu memoria y agilidad mental. Esto incluye, sobre todo, el control de las condiciones crónicas, como la hipertensión y la diabetes, así como de la pérdida de visión o audición.

4. Duerme.

El descanso es esencial, y es una de las primeras cosas que perdemos al enfrentar un agitado estilo de vida y las presiones del trabajo.

5. Juega.

Sobre todo, juega juegos que reten tus capacidades intelectuales. Así mejorarás tus capacidades para mantenerte enfocado, pensar con rapidez, resolver problemas y aprender cosas nuevas.

6. Aprende a cómo recordar mejor.

Aprende estrategias y técnicas para mejorar tu memoria. Mientras más herramientas tengas, mejor trabajará tu memoria. Si no haz leído todavía nuestro curso “Las 20 reglas de la memoria”, aprovecha y pídelo ahora mismo respondiendo a este mensaje y, con gusto, te lo enviaré por email.

7. Estudia más.

El desarrollo intelectual es uno de los más efectivos medios para evitar la pérdida de capacidades cerebrales. Estudia esa carrera que dejaste a medias, estudia otra carrera si ya tienes una, lee acerca de esos temas que te intrigan, aprende sobre algo completamente distinto a lo que ya sabes.

8. Comparte con amistades.

Compartir con amistades, conversar, hacer chistes y escuchar a los demás es una actividad que genera gran cantidad de nueva actividad en tu cerebro.

9. Trabaja.

El trabajo es una actividad que exige nuestra atención y te reta. Si el trabajo que tienes ahora no cumple con eso, considera cambiarlo o busca alguna actividad, incluso voluntaria, donde tu cerebro se ponga en tensión. Ese trabajo te ayudará, además, a levantarte todos los días con un sentido de propósito, esencial para proteger nuestro cerebro.

10. Piensa positivamente.

No se trata de repetir frases positivas, se trata de mejorar continuamente cómo tú te sientes contigo mismo. Lo que piensas de ti mismo hará la gran diferencia. En cuanto a las capacidades de tu cerebro, trabaja con las mismas de manera que cada día te sientas mejor con esa masa de 3 libras (1300 gramos) que tienes dentro del cráneo.

Comienza hoy mismo. Te repito el pensamiento de Ramón y Cajal:

“Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro.”

Y te llamo la atención a la frase del medio: “si se lo propone”. He ahí la parte verdaderamente importante y luminosa de este pensamiento. Porque si no nos lo proponemos, vamos por una pendiente inclinada que lleva al deterioro.

Comenzamos pues, por el propósito.

 

 

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John F. Kennedy, el lector veloz

Kennedy devoraba informes y documentos, pero, además, leía sobre múltiples temas de su interés.
Kennedy devoraba informes y documentos, pero, además, leía sobre múltiples temas de su interés.

Uno de los lectores veloces más famosos de todos los tiempos, es el presidente John F. Kennedy. A pesar de su corto paso por la Casa Blanca, Kennedy dejó una huella muy marcada en la vida política norteamericana y mundial.

Una de sus muchas cualidades era que era un lector voraz. Leía tanto literatura como informes y documentos con gran rapidez y en gran cantidad. Uno de los reporteros de Casa Blanca, Hugh Sidey, escribió un libro sobre su periodo presidencial, titulado «John F. Kennedy, President».  En el mismo, expresa lo que pudo saber acerca de Kennedy y su lectura:
«Sus lecturas se convirtieron en un fenómeno. Los periodistas se encontraban con que leía la totalidad de sus escritos, y les llamaba a veces para alabarlos o para censurarlos. Hojeaba cinco periódicos con el desayuno. En voraces hojeadas podía asimilar un informe difícil sobre economía. Leía de mil doscientas a dos mil palabras por minuto y quizás más rápido aún cuando el tema era sencillo. Los miembros de su plana mayor debían esconder las revistas y los libros. Si los dejaban sobre una mesa o escritorio eran presa de la avidez insaciable del lector Kennedy.
Se dice que cuando Kennedy tomó el curso de lectura veloz, su esposa, Jacky, se hizo una prueba, pero como leía más rápido que él, no necesitaba el curso.
Se dice que cuando Kennedy tomó el curso de lectura veloz, su esposa, Jacky, se hizo una prueba, pero como leía más rápido que él, no necesitaba el curso.

Cuando solicitó una detallada información acerca de Cuba y del encumbramiento de Castro, se le pr esentó un voluminoso documento redactado por funcionarios. Tímidamente, uno de sus ayudantes sugirió que Kennedy leyera la sinopsis, pero el presidente desechó la sugerencia con un ademán, enfrascándose en la lectura del informe.

Iba a la esencia del asunto. Leía los periódicos desde la primera página. Examinabalos titulares, recorría con la vista los textos de interés secundario, dedicaba unos segundos a las informaciones más importantes, lo que le bastaba para extraer el jugo. Se detenía en la página editorial, dando sin embargo más importancia a los columnistas, que a los artículos editoriales de los mismos.
Kennedy tenía debilidad por los aciertos de expresión preguntándose a veces, en que proporción la fama de Winston Churchill se debía al uso acertado de las palabras. Leía con frecuencia las memorias de Churchill, sólo para saborear la perfección de su estilo. Kennedy afirmaba que su libro favorito era «Melbourne», de lord David Cecil: la vida de William Lamb, uno de los primeros ministros de la reina Victoria.

Los investigadores de la vida de Kennedy que buscaron rápidamente un ejemplar de ese libro en las bibliotecas públicas, se encontraron con que en él se describe una clase dirigente que tiene remota semejanza con el clan Kennedy. Aunque el presidente solía leer literatura no novelesca, a veces se apartaba de esa norma.

Los fanáticos de los relatos policiales descubrieron que era entusiasta de una figura creada por Ian Fleming: El agente del servicio secreto británico James Bond, luchador infatigable. Un investigador confeccionó una lista del material impreso que consumía Kennedy y resultó que, además de su dieta ordinaria de periódicos y revistas, en sólo unos días había leído «The necessity for choice» de Henry Kissinger, grueso volumen sobre la
guerra nuclear; «Turmoil and tradition», historia de la vida y la época de Henry Stimson, escrito por Elting Morrison; «The longest day» por Cornelius Ryan; «The liberal hour», colección de ensayos de John Kenneth Galbraith, y fragmentos de un compendio sobre pruebas nucleares.

Cuando era senador, Kennedy tomó un curso de lectura rápida, aunque ya antes era un lector de extraordinaria rapidez. La afición de Kennedy a la lectura era grata a los escritores, editores y funcionarios públicos, pero había en Washington otro hombre que se mostraba

aún más satisfecho. Era A. T. Schrot, un republicano propietario del Cosmopolitan Newstand, situado en la calle 15. Allí compraba la Casa Blanca la mayoría de sus diarios y revistas. Cuando Kennedy llegó a la presidencia, el negocio de Schrot con la Casa Blanca aumentó en un 400 por ciento. Cuando se extendió la noticia de que John F. Kennedy leía más de mil doscientas palabras por minuto, su plana mayor tomó cursos de lectura rápida, e incluso se creó una clase especial en la Casa Blanca…».
Al igual que con sus ayudantes, cuando se corrió la voz de la velocidad de lectura de Kennedy, miles de personas comenzaron a tomar cursos de Lectura Veloz en el mundo entero.
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