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10 maneras de esculpir un cerebro saludable

Por José R. Fortuño Candelas
NILVEM

 

El ilustre Premio Nobel español, autor de la “doctrina de la neurona”, don Santiago Ramón y Cajal, dijo una vez:

“Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro.”

Con esta idea, Ramón y Cajal, como era su costumbre, se adelantó en casi cien años a sus tiempos, con conceptos que apenas hoy van viéndose plenamente demostrados y adoptados. En esta idea podría resumirse el concepto de “reserva cognitiva”, una idea que cada vez toma más importancia en todos los campos que estudian y promueven una salud cerebral para toda la vida.

En forma resumida, la reserva cognitiva es la capacidad que tienen algunas personas para soportar mejor la patología cerebral que a otros lleva la demencia, como la Enfermedad de Alzheimer. Esa reserva cognitiva es, en efecto, una reserva cerebral, es decir, una capacidad aumentada del cerebro, tanto en tamaño como en formas de procesar información, gracias a la cual algunos individuos no desarrollan los síntomas de la demencia, a pesar de verse atacados por el mismo deterioro de sus cerebros.

Diversos estudios han demostrado que un cierto número de personas, tanto como un 30% en una muestra de ancianos que no padecieron demencia, mueren con lesiones similares en sus cerebros a los que sí padecieron estos males. Se han identificado varios factores que contribuyen a la construcción de esta reserva cognitiva, y la mejor noticia es que nunca es muy tarde para comenzar a desarrollarla.

Nunca es tarde no quiere decir que pueda ser demasiado temprano. El momento, por tanto, para comenzar con una estrategia que garantice nuestra salud cerebral en los últimos años de nuestras vidas es: ¡ahora mismo!

Ve a continuación 10 maneras con las cuales podemos comenzar ahora mismo a esculpir nuestro cerebro para resistir exitosamente el deterioro.

1. Deshazte del peso extra.

Mantener una cintura controlada puede reducir significativamente el riesgo de la pérdida de la memoria. Mantén una dieta saludable y balanceada, y controla el consumo de alcohol y cafeína. Añadir a tu dieta alimentos altos en ácidos grasos del tipo omega-3 y antioxidantes, como pueden ser el pescado o las moras, puede ser una ayuda adicional.

2. Sal a caminar.

Deja el sofá, apaga el televisor y camina o corre un poco. Aun un poco de ejercicio puede hacer una gran diferencia para nuestra salud cerebral.

3. Ocúpate del mantenimiento correcto.

Atiende, bajo la supervisión de tu médico, todos los asuntos que pueden afectar tu memoria y agilidad mental. Esto incluye, sobre todo, el control de las condiciones crónicas, como la hipertensión y la diabetes, así como de la pérdida de visión o audición.

4. Duerme.

El descanso es esencial, y es una de las primeras cosas que perdemos al enfrentar un agitado estilo de vida y las presiones del trabajo.

5. Juega.

Sobre todo, juega juegos que reten tus capacidades intelectuales. Así mejorarás tus capacidades para mantenerte enfocado, pensar con rapidez, resolver problemas y aprender cosas nuevas.

6. Aprende a cómo recordar mejor.

Aprende estrategias y técnicas para mejorar tu memoria. Mientras más herramientas tengas, mejor trabajará tu memoria. Si no haz leído todavía nuestro curso “Las 20 reglas de la memoria”, aprovecha y pídelo ahora mismo respondiendo a este mensaje y, con gusto, te lo enviaré por email.

7. Estudia más.

El desarrollo intelectual es uno de los más efectivos medios para evitar la pérdida de capacidades cerebrales. Estudia esa carrera que dejaste a medias, estudia otra carrera si ya tienes una, lee acerca de esos temas que te intrigan, aprende sobre algo completamente distinto a lo que ya sabes.

8. Comparte con amistades.

Compartir con amistades, conversar, hacer chistes y escuchar a los demás es una actividad que genera gran cantidad de nueva actividad en tu cerebro.

9. Trabaja.

El trabajo es una actividad que exige nuestra atención y te reta. Si el trabajo que tienes ahora no cumple con eso, considera cambiarlo o busca alguna actividad, incluso voluntaria, donde tu cerebro se ponga en tensión. Ese trabajo te ayudará, además, a levantarte todos los días con un sentido de propósito, esencial para proteger nuestro cerebro.

10. Piensa positivamente.

No se trata de repetir frases positivas, se trata de mejorar continuamente cómo tú te sientes contigo mismo. Lo que piensas de ti mismo hará la gran diferencia. En cuanto a las capacidades de tu cerebro, trabaja con las mismas de manera que cada día te sientas mejor con esa masa de 3 libras (1300 gramos) que tienes dentro del cráneo.

Comienza hoy mismo. Te repito el pensamiento de Ramón y Cajal:

“Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro.”

Y te llamo la atención a la frase del medio: “si se lo propone”. He ahí la parte verdaderamente importante y luminosa de este pensamiento. Porque si no nos lo proponemos, vamos por una pendiente inclinada que lleva al deterioro.

Comenzamos pues, por el propósito.

 

 

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John F. Kennedy, el lector veloz

Kennedy devoraba informes y documentos, pero, además, leía sobre múltiples temas de su interés.
Kennedy devoraba informes y documentos, pero, además, leía sobre múltiples temas de su interés.

Uno de los lectores veloces más famosos de todos los tiempos, es el presidente John F. Kennedy. A pesar de su corto paso por la Casa Blanca, Kennedy dejó una huella muy marcada en la vida política norteamericana y mundial.

Una de sus muchas cualidades era que era un lector voraz. Leía tanto literatura como informes y documentos con gran rapidez y en gran cantidad. Uno de los reporteros de Casa Blanca, Hugh Sidey, escribió un libro sobre su periodo presidencial, titulado «John F. Kennedy, President».  En el mismo, expresa lo que pudo saber acerca de Kennedy y su lectura:
«Sus lecturas se convirtieron en un fenómeno. Los periodistas se encontraban con que leía la totalidad de sus escritos, y les llamaba a veces para alabarlos o para censurarlos. Hojeaba cinco periódicos con el desayuno. En voraces hojeadas podía asimilar un informe difícil sobre economía. Leía de mil doscientas a dos mil palabras por minuto y quizás más rápido aún cuando el tema era sencillo. Los miembros de su plana mayor debían esconder las revistas y los libros. Si los dejaban sobre una mesa o escritorio eran presa de la avidez insaciable del lector Kennedy.
Se dice que cuando Kennedy tomó el curso de lectura veloz, su esposa, Jacky, se hizo una prueba, pero como leía más rápido que él, no necesitaba el curso.
Se dice que cuando Kennedy tomó el curso de lectura veloz, su esposa, Jacky, se hizo una prueba, pero como leía más rápido que él, no necesitaba el curso.

Cuando solicitó una detallada información acerca de Cuba y del encumbramiento de Castro, se le pr esentó un voluminoso documento redactado por funcionarios. Tímidamente, uno de sus ayudantes sugirió que Kennedy leyera la sinopsis, pero el presidente desechó la sugerencia con un ademán, enfrascándose en la lectura del informe.

Iba a la esencia del asunto. Leía los periódicos desde la primera página. Examinabalos titulares, recorría con la vista los textos de interés secundario, dedicaba unos segundos a las informaciones más importantes, lo que le bastaba para extraer el jugo. Se detenía en la página editorial, dando sin embargo más importancia a los columnistas, que a los artículos editoriales de los mismos.
Kennedy tenía debilidad por los aciertos de expresión preguntándose a veces, en que proporción la fama de Winston Churchill se debía al uso acertado de las palabras. Leía con frecuencia las memorias de Churchill, sólo para saborear la perfección de su estilo. Kennedy afirmaba que su libro favorito era «Melbourne», de lord David Cecil: la vida de William Lamb, uno de los primeros ministros de la reina Victoria.

Los investigadores de la vida de Kennedy que buscaron rápidamente un ejemplar de ese libro en las bibliotecas públicas, se encontraron con que en él se describe una clase dirigente que tiene remota semejanza con el clan Kennedy. Aunque el presidente solía leer literatura no novelesca, a veces se apartaba de esa norma.

Los fanáticos de los relatos policiales descubrieron que era entusiasta de una figura creada por Ian Fleming: El agente del servicio secreto británico James Bond, luchador infatigable. Un investigador confeccionó una lista del material impreso que consumía Kennedy y resultó que, además de su dieta ordinaria de periódicos y revistas, en sólo unos días había leído «The necessity for choice» de Henry Kissinger, grueso volumen sobre la
guerra nuclear; «Turmoil and tradition», historia de la vida y la época de Henry Stimson, escrito por Elting Morrison; «The longest day» por Cornelius Ryan; «The liberal hour», colección de ensayos de John Kenneth Galbraith, y fragmentos de un compendio sobre pruebas nucleares.

Cuando era senador, Kennedy tomó un curso de lectura rápida, aunque ya antes era un lector de extraordinaria rapidez. La afición de Kennedy a la lectura era grata a los escritores, editores y funcionarios públicos, pero había en Washington otro hombre que se mostraba

aún más satisfecho. Era A. T. Schrot, un republicano propietario del Cosmopolitan Newstand, situado en la calle 15. Allí compraba la Casa Blanca la mayoría de sus diarios y revistas. Cuando Kennedy llegó a la presidencia, el negocio de Schrot con la Casa Blanca aumentó en un 400 por ciento. Cuando se extendió la noticia de que John F. Kennedy leía más de mil doscientas palabras por minuto, su plana mayor tomó cursos de lectura rápida, e incluso se creó una clase especial en la Casa Blanca…».
Al igual que con sus ayudantes, cuando se corrió la voz de la velocidad de lectura de Kennedy, miles de personas comenzaron a tomar cursos de Lectura Veloz en el mundo entero.
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El mejor regalo, lectura eficiente

El verano puede ser un excelente tiempo para mejorar la lectura.
El verano puede ser un excelente tiempo para mejorar la lectura.

Por José Ramón Fortuño Candelas

El verano es un tiempo estupendo. Nos permite brindarle a los niños y jóvenes oportunidades de diversión, viajes y de compartir con la familia. Es además, un tiempo excelente para ofrecerles oportunidades educativas únicas, no convencionales, pero que pueden ser sumamente significativas para su futuro.

Estas experiencias las vemos como un regalo y también como una inversión. Las mismas pueden tratarse de viajes educativos, cursos de arte o manualidades, programas de inmersión en idiomas o visitas a museos y lugares históricos. En el mismo hogar pueden organizarse actividades enfocadas en la educación para llenar los largos días del verano.

En nuestro caso, proponemos brindar a los hijos el mejor regalo: una nueva y mejorada capacidad para estudiar a través de una lectura más eficiente, un método comprobado de estudio que eleva la comprensión y el dominio de su memoria.

La lectura es, y seguirá siendo, el medio más importante para la adquisición y actualización de conocimientos. El volumen de lecturas que ha de manejar un joven en sus años de estudio aumentará año tras año. Alcanzará un nivel tal que un estudiante con los métodos tradicionales de lectura lenta y baja comprensión difícilmente podrá procesar adecuadamente.

Muchos estudiantes ven limitadas sus aspiraciones de estudios y, luego, sus metas profesionales, por el bajo dominio de la lectura. Desde los que no completan la escuela, hasta los que transan por carreras más cortas de las que su capacidad intelectual justificaría, la razón subyacente de estas decisiones autolimitantes suele ser la misma: el bajo dominio de la lectura, la falta de destrezas de estudio adecuadas.

Un estudiante que domina la lectura y posee un método de estudio correcto no verá límites donde otros titubean y retroceden. Todas las puertas del mundo académico se abren ante un estudiante que domina el arte y la ciencia del aprendizaje acelerado. ¿Podría alguien regatearle ese regalo?

Pero el regalo de una lectura eficiente tiene otros ángulos aún más significativos para la vida de un niño o joven. Veamos.

La actitud hacia cualquier cosa en la vida es tan fundamental o más que la destreza o el conocimiento. Una actitud negativa hacia la lectura es un impedimento mayor para el progreso individual que muchos impedimentos físicos o mentales.

Saber leer, pero no querer hacerlo, es peor que no saber leer. El peor analfabeta es el que sabe leer pero no lee porque no quiere.

Ahora bien, ¿por qué no quieren leer los jóvenes y niños? Aparte de otras causas discutibles, relacionadas con la experiencia escolar, sobre todo, hay una causa de la animadversión hacia la lectura que está clara: la lectura ineficiente, lenta y con baja comprensión.

No se puede esperar que alguien que lee lento, se distrae, pierde el hilo, no logra recordar todo, encima le pueda gustar la lectura. Es natural que la rechace y prefiera cualquier otra actividad.

Solamente cuando se domina plenamente la destreza de la lectura, la misma se convierte en una actividad deseable y placentera. Entonces, la actitud se transforma, se convierte en positiva y el estudiante lee sin poner obstáculos.

Capacitar al niño y al joven con una forma de leer eficiente cambiará positivamente su actitud hacia la lectura y esto se reflejará inmediatamente en toda su actitud hacia sus estudios. Un regalo excelente ¿no cree usted?

Pero aún hay más, pues el regalo de una lectura eficiente, rápida y comprensiva será más grande aún cuando, gracias a ese cambio de actitud y esa destreza mejorada, el niño o joven habra su mente a la infinita cantidad de conocimientos que le esperan en los libros y los medios electrónicos.

Este regalo lo aquilatará realmente cuando habra su espíritu al enorme disfrute que hay en el vasto mundo de la literatura. Cuando vea un libro y, en vez de echarlo a un lado porque es muy largo y aburrido, lo tome en sus manos y emprenda el viaje al cual nos invita cada autor.

Este verano, haga que sea verdaderamente significativo en el desarrollo educativo de sus hijos. Bríndeles el mejor regalo, el regalo de una lectura eficiente, rápida y comprensiva y ábrale las puertas del éxito académico ahora, de los triunfos profesionales después, y del goce de la lectura enriquecedora toda la vida.

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NILVEM, Nuevo Instituto de Lectura Veloz, Método de Estudio y Memoria, es una institución educativa establecida hace 47 años en Puerto Rico, la cual ofrece cursos diseñados para mejorar las destrezas de aprendizaje mediante la enseñanza de técnicas para mejorar la lectura, la memoria y métodos de estudio.

Para más información sobre el Programa Intensivo de Verano llame al 787 347-4415.

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