Maestro o estudiante: ¿quién es el protagonista?

¿Tienes, como estudiante, o tienen tus hijos, la actitud correcta, mirando hacia el futuro, sobre el propio aprendizaje? ¿Se están preparando para el futuro que se abre paso o para un pasado que ya no existe?

Por José R. Fortuño Candelas

Durante muchos años hemos seguido métodos tradicionales de enseñanza que pueden ser llamados «aprendizaje centrado en el profesor».

Los métodos tradicionales ponen al docente en el papel principal como la principal fuente de conocimiento. Todo el proceso comienza con un maestro dando lecciones, señalando áreas importantes, verificando con un cuestionario que prueba cuánto ha captado cada estudiante y termina evaluando a cada uno de ellos individualmente.
Aquí, todas las partes activas son desempeñadas por el tutor y los alumnos pasan a segundo plano.
Sin embargo, el enfoque está cambiando gradualmente, del docente al estudiante. Un concepto, «aprendizaje centrado en el estudiante», está cambiando todo eso.

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¿Cómo comprimir una hora en 20 minutos?

Para la persona que quiere ser realmente productiva y progresar en su vida hay un recurso que siempre le falta: EL TIEMPO.

No importa cuán bien se organice ni cuán fuerte trabaje, siempre le faltará tiempo.  Tiempo para hacer más, para aprender más, para producir más.  Es muy probable que tú te hayas sentido muchas veces así: deseando que hubiera más horas en el día, o que las horas duraran más para hacer todo lo que quieres hacer.

¿Y si te presentaran una manera de hacer que tus horas rindieran más?  Una manera de poder hacer con tu tiempo al menos tres veces más de lo que hacer ahora, ¿cuánto valdría para ti?

Seguramente, gran parte de tu tiempo de estudio y trabajo consiste en leer, sean libros, informes, mensajes electrónicos, páginas web o documentos de todo tipo.  El estudiante promedio obtiene sobre el 80% de su aprendizaje a través de la lectura.  El ejecutivo promedio dedica por lo menos 15 o 20 horas semanales a la lectura como parte de sus funciones o de su propia actualización.

La buena noticia es que tienes a tu alcance una manera de hacer que tu tiempo rinda mucho más.  Tanto más que podemos decir que es como si comprimieras cada hora y la convirtieras en 20 minutos.  O visto de otra manera, como si pudieras hacer en 20 minutos lo que ahora haces en una hora completa.

Esto lo tienes a tu alcance con la Lectura Veloz.

La meta mínima que nos proponemos con cada estudiante que toma nuestro curso es que termine leyendo y comprendiendo tres veces más rápido que cuando comienza.  Muchos logran mejorías muy superiores, pero fíjate lo que pasaría si consigues esa meta mínima. Todos los ejemplos que verás están basados en la «velocidad de lectura comprensiva», donde ajustamos la velocidad de lectura según el porcentaje de comprensión.  Después de todo, no nos interesa que leas más rápido, sino que comprendas mejor en menos tiempo.

Los siguientes son ejemplos típicos, tomados de los récords de nuestros cursos recientes:

 PCM
Inicial
PCM
Final
Aumento
Alberto M.1143563.1
Evelyn R.984935
Juan Carlos C.632573.8

Alberto M. puede leer hoy lo que antes le tomaba una hora, en menos de 20 minutos.  Mira lo que pasó con Evelyn R., ahora puede leer en unos 12 minutos lo que antes le tomaba una hora. El último  caso, el de Juan Carlos C., que llegó con un nivel de lectura comprensiva sumamente deficiente, es particularmente interesante, pues pudo pasar de ser una persona que nunca leía, por lo lento que lo hacía, a una persona que hoy día ha hecho de la lectura un hábito.

Los tres casos que estamos citando son típicos; hay casos muchos más extremos de cambio entre el inicio y el final.  Pero no es nuestra costumbre tratar de impresionar con estos casos sino mostrar resultados que razonablemente cualquier estudiante puede lograr.

En cada uno de los casos, el tiempo de lectura fue reducido sin perder, sino ganando en comprensión.  El método de la Lectura Veloz permite lograr ambas metas a la vez.  Además, en el curso se trabaja con un Método de Estudio sumamente eficiente, para asegurar una estrategia de analizar, resumir y organizar la información y se aprende cómo funciona nuestra Memoria y cómo, a través de varias técnicas, hacer el mejor uso de la misma.

¿No crees que es tiempo ya de que aprendas cómo hacer que tu tiempo rinda más?  ¿No te gustaría ya estar en condiciones de hacer en 20 minutos o menos lo que ahora te toma una hora?

Aprovecha que estamos comenzando cursos en diversos horarios y formatos, uno de los cuales debe adaptarse a ti.

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Leer rápido o lento: ¿cuándo y por qué?

Uno de los mitos de la Lectura Veloz es la idea de que, cuando se aprende el método, se leerá todo a máxima velocidad. Eso, sencillamente, ni es posible ni deseable.

La Lectura Veloz capacita a quien se entrena en ella a leer mucho más rápido y con mejor concentración. Pero la velocidad real de cada lectura que se hace está determinada por una serie de factores, de los cuales la técnica de lectura –veloz o lenta tradicional–, es solo uno de ellos. Veamos cuáles son los factores que afectan la velocidad de la lectura.

  • La técnica. La mayoría de las personas lee con la técnica que llamamos “lectura oral silenciosa”, donde cada palabra se va pronunciando calladamente y se procesa en forma idéntica a la lectura oral aprendida cuando niños. El lector veloz practica la lectura global, donde reconoce las palabras y frases sin tener que “decirlas”.
  • El dominio del tema. Mientras más se domina un tema, más rápido puede leerse. Un tema o área de conocimiento nuevo nunca se leerá de la misma manera.
  • El vocabulario. La familiaridad con el vocabulario utilizado en el texto que se está leyendo determina la velocidad y, en gran medida, la comprensión general.
  • El tipo de material. Cada material ha sido escrito para ser leído de diferente manera. A modo de ejemplo de lo que queremos decir, compárese la lectura de un artículo noticioso con la de un poema.
  • El propósito. No leemos todo con el mismo propósito; por ejemplo, unas cosas las leemos por deber, otras por placer. En unas tenemos que retener muchos detalles, en otras quizá eso no nos preocupe tanto.
  • El motivo. Leemos con más rapidez aquello que nos interesa; por el contrario, los textos “aburridos” los leemos lentamente y nos distraemos con facilidad.
  • La memoria. Una persona con una estrategia aprendida de memorización lee más rápido que cuando no tenía idea de qué hacer para recordar mejor.
  • Capacidad de análisis. Las destrezas de análisis que se desarrollan con un Método de Estudio efectivo ayudan al lector a avanzar de tema en tema, mientras que una capacidad limitada impide una plena comprensión.

Como puede verse, todos estos factores influyen en la velocidad de la lectura. Afortunadamente, podemos mejorar nuestra situación con respecto a cada uno de ellos.

Un curso de Lectura Veloz contribuye, sobretodo, a dominar la técnica de la lectura global y asimilarla por encima de la lectura oral silenciosa. Una vez que se domina esta técnica, el lector sabrá aplicarla de acuerdo a su propósito y necesidad. Unos materiales los leerá más rápido que otros.

A manera de ilustración, piense en dos automóviles, uno muy viejo que corre a, digamos, 40 millas por hora máximo, y otro, nuevo, que puede subir de 100. La diferencia entre ambos es el tope de velocidad. Si se conduce por una zona escolar, ambos irán a 15 millas, si se conduce por áreas residenciales, ambos irán a 25 ó 40. Donde cambia la cosa es cuando hace falta mayor velocidad. Al entrar a la autopista, el carro viejo seguirá a 40 mientras ve alejarse al nuevo a 55 o 65. Y en caso de una emergencia, ni lo verá.

Con la técnica de la Lectura Veloz, además, se está en mejor posición de controlar los demás factores que influyen en la velocidad. En nuestra experiencia, una lector veloz puede motivarse mucho más en la lectura, al saber que la puede realizar en un tiempo realista y con buena comprensión. El lector lento, en la mayoría de los casos, pierde toda motivación por la lectura y se convierte en un “no-lector”.

Hasta temas como el vocabulario pueden ser manejados de forma más eficiente. Una de las preguntas comunes que nos hacen es “y si encuentro una palabra que no entiendo, debo seguir leyendo rápido”. Y la respuesta nuestra es NO, debes detenerte a resolver su significado, consultando un diccionario o examinando el contexto. La ventaja del lector veloz es que esa detención no afectará seriamente el tiempo de lectura, mientras que el lector lento sentirá que si para a buscar significados no terminará nunca.

Podemos decir que aunque no todo se leerá de igual manera, un lector veloz tendrá a su disposición las herramientas para decidir a qué velocidad leerá cada nuevo material. El lector lento, como el carro viejo, no podrá acelerar cuando le haga falta.

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