Leer rápido o lento: ¿cuándo y por qué?

Uno de los mitos de la Lectura Veloz es la idea de que, cuando se aprende el método, se leerá todo a máxima velocidad. Eso, sencillamente, ni es posible ni deseable.

La Lectura Veloz capacita a quien se entrena en ella a leer mucho más rápido y con mejor concentración. Pero la velocidad real de cada lectura que se hace está determinada por una serie de factores, de los cuales la técnica de lectura –veloz o lenta tradicional–, es solo uno de ellos. Veamos cuáles son los factores que afectan la velocidad de la lectura.

  • La técnica. La mayoría de las personas lee con la técnica que llamamos “lectura oral silenciosa”, donde cada palabra se va pronunciando calladamente y se procesa en forma idéntica a la lectura oral aprendida cuando niños. El lector veloz practica la lectura global, donde reconoce las palabras y frases sin tener que “decirlas”.
  • El dominio del tema. Mientras más se domina un tema, más rápido puede leerse. Un tema o área de conocimiento nuevo nunca se leerá de la misma manera.
  • El vocabulario. La familiaridad con el vocabulario utilizado en el texto que se está leyendo determina la velocidad y, en gran medida, la comprensión general.
  • El tipo de material. Cada material ha sido escrito para ser leído de diferente manera. A modo de ejemplo de lo que queremos decir, compárese la lectura de un artículo noticioso con la de un poema.
  • El propósito. No leemos todo con el mismo propósito; por ejemplo, unas cosas las leemos por deber, otras por placer. En unas tenemos que retener muchos detalles, en otras quizá eso no nos preocupe tanto.
  • El motivo. Leemos con más rapidez aquello que nos interesa; por el contrario, los textos “aburridos” los leemos lentamente y nos distraemos con facilidad.
  • La memoria. Una persona con una estrategia aprendida de memorización lee más rápido que cuando no tenía idea de qué hacer para recordar mejor.
  • Capacidad de análisis. Las destrezas de análisis que se desarrollan con un Método de Estudio efectivo ayudan al lector a avanzar de tema en tema, mientras que una capacidad limitada impide una plena comprensión.

Como puede verse, todos estos factores influyen en la velocidad de la lectura. Afortunadamente, podemos mejorar nuestra situación con respecto a cada uno de ellos.

Un curso de Lectura Veloz contribuye, sobretodo, a dominar la técnica de la lectura global y asimilarla por encima de la lectura oral silenciosa. Una vez que se domina esta técnica, el lector sabrá aplicarla de acuerdo a su propósito y necesidad. Unos materiales los leerá más rápido que otros.

A manera de ilustración, piense en dos automóviles, uno muy viejo que corre a, digamos, 40 millas por hora máximo, y otro, nuevo, que puede subir de 100. La diferencia entre ambos es el tope de velocidad. Si se conduce por una zona escolar, ambos irán a 15 millas, si se conduce por áreas residenciales, ambos irán a 25 ó 40. Donde cambia la cosa es cuando hace falta mayor velocidad. Al entrar a la autopista, el carro viejo seguirá a 40 mientras ve alejarse al nuevo a 55 o 65. Y en caso de una emergencia, ni lo verá.

Con la técnica de la Lectura Veloz, además, se está en mejor posición de controlar los demás factores que influyen en la velocidad. En nuestra experiencia, una lector veloz puede motivarse mucho más en la lectura, al saber que la puede realizar en un tiempo realista y con buena comprensión. El lector lento, en la mayoría de los casos, pierde toda motivación por la lectura y se convierte en un “no-lector”.

Hasta temas como el vocabulario pueden ser manejados de forma más eficiente. Una de las preguntas comunes que nos hacen es “y si encuentro una palabra que no entiendo, debo seguir leyendo rápido”. Y la respuesta nuestra es NO, debes detenerte a resolver su significado, consultando un diccionario o examinando el contexto. La ventaja del lector veloz es que esa detención no afectará seriamente el tiempo de lectura, mientras que el lector lento sentirá que si para a buscar significados no terminará nunca.

Podemos decir que aunque no todo se leerá de igual manera, un lector veloz tendrá a su disposición las herramientas para decidir a qué velocidad leerá cada nuevo material. El lector lento, como el carro viejo, no podrá acelerar cuando le haga falta.

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El éxito, el fracaso y la lectura

Que la práctica de la lectura está vinculada al éxito –y su ausencia al fracaso– es algo que todo adulto educado ha podido constatar a través de su propia experiencia. Todos hemos podido ver cómo las personas con más conocimientos, las más actualizadas, obtienen las mejores posiciones.

Hay estudios recientes que comprueban este saber común.

Veamos un estudio de la Universidad de Oxford, hecho con 17,000 jóvenes nacidos en 1970. Se encontró que de todas las actividades extracurriculares que realizaban a los 16 años, la única que estaba relacionada con tener un mejor empleo a los 33 años era la lectura. Para las muchachas, haber leído libros a los 16 años aumentaba la probabilidad de ocupar una posición gerencial de 25 a 33 por ciento, y para los muchachos de 48 a 58 por ciento.

Ninguna de las otras actividades, como tocar un instrumento musical, asistir a conciertos, coser, etc. tuvo un efecto similar. Jugar juegos de computadora y no hacer otras cosas tuvo, por el contrario, un efecto negativo.

Los mismos efectos se observaron en las probabilidades de que los jóvenes entraran a la universidad. La lectura por placer está vinculada a un aumento en las probabilidades de iniciar una carrera universitaria de 24 a 35 por ciento en los varones y de 20 a 48 por ciento en las hembras.

Igualmente, tener como única actividad los juegos de computadora reduce las probabilidades de entrar a la universidad, pues para los que lo hacían a los 16, las probabilidades se redujeron de 24 a 19 por ciento para los varones y de 20 a 14 por ciento para las muchachas.

¿Qué quiere decir todo esto para cada uno de nosotros? Pues que una de las herramientas principales que tenemos para asegurar nuestro progreso, tanto académico como profesional, es mejorar nuestra práctica de la lectura. Esto es importante para los jóvenes, como el estudio demuestra, pero nunca es tarde, y a cualquier edad podemos proponernos una estrategia de mejoramiento personal.

Algunas acciones que podemos tomar en esta dirección son:

  • Proponernos una meta real con respecto a la lectura. Si nunca leemos, proponernos leer un libro al mes puede ser una meta realista.
  • Convertir esa meta en una rutina diaria. Si pensamos en el mes entero, y en el libro completo, quizá la meta se vea como muy grande y difícil. Pero si establecemos un periodo de cada uno de nuestros días para la lectura de, por lo menos, 15 minutos, y si le asignamos una hora específica, entonces será una meta alcanzable.
  • Compartir con nuestra familia y amistades nuestra meta. De esta manera, convertimos a los demás en una especie de red de apoyo. Es muy probable que, a la misma vez, consigamos que algunos se nos unan.
  • Mejorar nuestra lectura por todos los medios a nuestro alcance. Aumentar la práctica de la lectura, ya de por sí, va a tener un efecto de mejorar la forma en que lo hacemos. Pero si añadimos el capacitarnos en las técnicas más avanzadas de lectura, tales como las que se ofrecen en un curso de Lectura Veloz, podremos alcanzar nuestras metas de manera más rápida y segura.

Uno de los efectos más interesantes que observan nuestros estudiantes, además del obvio aceleramiento de la lectura y del no tan obvio, pero igual de real, aumento en la comprensión, es el aumento en el entusiasmo y el gusto por la lectura.

Si hasta hoy no has hecho de la lectura una práctica regular, puede ser, en parte, porque tu lectura es lenta y con una comprensión menor que óptima. Y es difícil que una actividad que se realiza en forma poco eficiente, que toma mucho tiempo y rinde poco fruto, se convierta en algo que realizamos con interés y entusiasmo. Esto es particularmente cierto en los niños y jóvenes, pero los mayores también lo experimentan.

Mejorar la forma de la lectura, a través de la técnica de la Lectura Veloz, unido a un plan realista de aumentar la cantidad de libros, artículos, etc. que lees, se reflejará más pronto que tarde en éxitos tanto en lo académico como en lo profesional. El éxito está reservado para el que se mantiene continuamente estudiando, mejorando, aumentando y actualizando sus conocimientos.

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¿Es posible -realmente- leer mejor?

Si le haces la pregunta del título a la mayoría de las personas, seguramente, la contestación será negativa. Es posible que tu propia contestación también sea negativa. O, al menos, escéptica, dudosa.

Lo curioso es que quienes asumen esta actitud de negación o duda de la posibilidad de mejoramiento de la lectura, casi siempre admiten estar descontentos con su forma de leer y los resultados que obtienen. ¿Por qué, entonces, esa actitud resignada y fatalista?

Leer es un proceso aprendido, usualmente, a temprana edad. Cuando ya el niño lee bastante de corrido, en el tercer grado de escuela elemental, se considera la lectura como dominada. De ahí en adelante, se le asignan lecturas en forma progresiva, pero la destreza, la forma de leer, ya no se toca.

De manera que la destreza más importante en el aprendizaje, no sólo el académico, sino durante toda la vida, se considera dominada a los ocho años de edad. Aquí encontramos la raíz de la ineficacia de la lectura y, también, de la pobre actitud hacia la misma que tiene la mayoría de la gente.

¿No te sientes, al menos en parte, identificado con esta situación?

Veamos lo que pasaría si se asumiera una actitud pedagógica parecida en otro escenario. Digamos que tenemos un niño que muestra aptitud y talento hacia un deporte. Supongamos que, entre los cinco y los ocho años de edad, le enseñamos todo lo que se puede a esa edad sobre la práctica de dicho deporte. Asumamos que el niño es, a sus ocho años, el mejor en su disciplina.

Ahora dividamos el ejemplo en dos posibles desarrollos. En el primero, no le enseñamos nada nuevo ni lo entrenamos más, pero el niño sigue practicando el deporte con sus amigos todos los días. En el segundo, seguimos dándole al niño enseñanzas y entrenamientos continuamente y, además, el niño juega el deporte bajo supervisión todos los días.

¿Qué podríamos esperar del niño a los 16 años en cada una de las dos situaciones? ¿En cuál de los dos posibles desarrollos podríamos suponer que el niño se va a convertir en un gran prospecto?

Claramente, el niño que no siguió recibiendo instrucción y entrenamiento, aunque tuviera un gran talento natural, no va a destacar significativamente sobre los demás. En cambio, el niño que recibió instrucción, entrenamiento y refuerzo durante todo ese tiempo, seguramente seguirá siendo el mejor y tendrá un gran futuro.

Ahora piensa, ¿a cuál de los dos ejemplos se parece más tu proceso de aprendizaje de la lectura? ¿Al del niño que le siguieron mejorando la técnica o al que solamente lo dejaron practicar sin entrenamiento?

Lamentablemente, la enseñanza de la lectura abandona el entrenamiento en la destreza muy temprano y la misma nunca llega a dominarse plenamente. Las consecuencias son la baja velocidad y comprensión y, sobretodo, una pobre actitud y hábito de lectura.

Afortunadamente, esta situación puede corregirse y nunca es demasiado tarde, si ponemos empeño y aprendemos los métodos adecuados para el mejoramiento de la lectura.

Estamos comenzando cursos continuamente. Puedes ver los cursos disponibles aquí.

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