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No temas al cambio…¡únete!

Por José R. Fortuño Candelas
NILVEM

“LO ÚNICO permanente es el cambio”, estas palabras, pronunciadas por primera vez por un filósofo griego hace más de 2,000 años, se han vuelto la realidad que vivimos todos los que trabajamos y participamos, de alguna manera, en la “Sociedad del Conocimiento”. El cambio es continuo y cada cambio no hace sino abrir paso a nuevos cambios.

Ante esta realidad, podemos meter la cabeza en la arena, pero no podemos escapar. El cambio nos acosa por todas partes y, con razón, a veces nos sentimos asustados. ¿Qué hay de la estabilidad de los empleos, de las empresas? Muy poco. ¿Cuánto tiempo va a pasar antes de que una tecnología, una máquina o una forma de hacer las cosas se pongan obsoletas? Muy poco tiempo.

  1. Los gobiernos van a seguir dejando de absorber los problemas de desempleo y van a seguir abandonando áreas de gestión, dejándolas en manos de las iniciativas privadas. Cada día más y más personas van a salir de las agencias gubernamentales a enfrentar un mundo mucho más fluido y, sobre todo, más hostil.
  2. Las empresas van a seguir, cada vez más, intentando nuevas reorganizaciones, reestructuraciones y, en fin, reingenierías de los procesos en busca de obtener una ventaja, por pequeña que sea, en la productividad y en la capacidad de manejar las innovaciones. Por ello, departamentos enteros van a continuar desapareciendo o al menos disminuyendo dramáticamente de tamaño, o van a seguir siendo trasladados de un lado a otro o sustituidos por nuevas formas de hacer las cosas.
  3. Las tecnologías van a seguir cambiando a un ritmo cada vez más acelerado, arrasando o sustituyendo sectores enteros de la producción y los servicios.

Esto se hace todavía más real cuando observamos las tendencias más importantes en nuestro alrededor, que podemos resumir en tres:

¿Cómo puedo manejar esta situación y salir a flote? Esta es la pregunta y, afortunadamente, tiene contestación. Estamos en la “sociedad del conocimiento”, ahora el verdadero valor de los individuos y de las organizaciones empresariales no está en qué o cuanto tienes, sino en qué sabes y cuánto conoces. Pero, más aún, no está en lo que sabes o conoces ya, sino en cómo aprendes y cómo procesas la cantidad de información y conocimientos que se produce a diario para adelantarte a los cambios.

En la Sociedad del Conocimiento, la ventaja es del que tiene la mayor capacidad de aprender y adaptarse o, mejor aún, prevenir los cambios; producirlos, si es posible. Luego, tenemos que evaluar, como individuos y como organizaciones, en el caso de las empresas, qué estamos haciendo para adelantarnos a los posibles cambios, a las nuevas situaciones que se producirán en ese futuro que se acerca aceleradamente. Como individuos, preguntémonos cuán al día estamos en nuestra área de conocimientos y, si observamos que estamos algo atrasados, comencemos inmediatamente a resolver ese problema, pues si no lo hacemos quedaremos en el camino. Cada minuto y cada dólar invertido en nuestra propia educación tendrán un rendimiento mucho más alto que cualquier otra inversión que hagamos.

Tratemos de entender, además, cuánto futuro tiene nuestra área de conocimientos ante la vertiginosa oleada de cambios que se aproxima. Si la respuesta es que podríamos quedar en el camino, o si, peor aún, no podemos dar una respuesta clara, entonces, además de actualizarnos en nuestro área, debemos, simultáneamente, considerar rutas alternas para dar un salto en el momento conveniente, no cuando ya no haya más remedio.

Hay que considerar que, hoy día, en los Estados Unidos la persona promedio cambia de trabajo y, posiblemente, de área, unas siete veces en su vida productiva. Esa tendencia no va a disminuir. Ese cambio, en cada uno de nosotros: ¿será producido por que hemos alcanzado la obsolescencia en nuestra área o será producto de nuestra propia actividad prospectiva, de nuestra preparación y anticipación de las situaciones nuevas? La respuesta es crítica, porque si cambiamos por necesidad impuesta lo haremos, seguramente, para empeorar. Pero si cambiamos porque previmos y nos preparamos, podremos escoger nuestra propia ruta y adelantar nuestros objetivos personales.

En conclusión, el valor más preciado para cada uno de nosotros en estos tiempos es la capacidad de aprender nuevas cosas, de realizar los cambios que sean precisos dentro de nosotros mismos para estar en capacidad de enfrentar las nuevas situaciones con firmeza y, mejor aún, anticiparlas y hacerlas ocurrir de acuerdo a nuestra mayor conveniencia.

Decía Heráclito: “el río no es nunca dos veces el mismo río”. Ahora, cuando esta verdad se nos ha venido encima, debemos entender que está dentro de nosotros mismos, en nuestra capacidad de aprendizaje, adaptación y previsión de los cambios, la clave para que el río no nos lleve.

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