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Los obstáculos mentales en la lectura

No parece que haya duda para nadie en que cualquier tarea que se emprende sin la confianza de que se puede completar satisfactoriamente, seguramente termine mal.  Si, peor aún, iniciamos la tarea con temor y hasta el convencimiento de que nos va a salir mal, puede pronosticarse que se va a fallar.  Si, sumado a eso, se tiene una actitud negativa, si no se desea hacer la tarea, entonces sí que podemos decir que el fracaso está asegurado.

Lamentablemente, este es el día a día de muchos estudiantes y profesionales en lo que respecta a la lectura y buena parte de sus estudios.  Emprenden las tareas con temor, sin confianza, convencidos de que no les va a salir bien.  Cuando van a leer algo, lo hacen sin ganas y de antemano reconocen que no se van a recordar bien de lo que lean.

Enfrentar esta situación, y corregirla para ahora y el futuro, requiere de cada persona un esfuerzo muy grande, que podemos separar en dos conceptos: actitud y herramientas.

La actitud

La actitud del estudiante tiene que cambiar, el temor tiene que convertirse en confianza, el desgano en entusiasmo.  Esto no se logra de manera fácil, pero el cambio comienza por el reconocimiento de que es uno mismo el principal responsable de ese necesario cambio de actitud.  No vendrá del cielo, no lo traerán los profesores, no lo puede provocar mamá ni papá.  Tiene que venir de adentro.

Tiene uno que convencerse de que para que todo le salga mejor, tiene uno que arrancar con una actitud positiva y confiado de que va a poder hacerlo bien.  En esto es fundamental el entusiasmo.  El aprendizaje y la memoria se estimulan, primero que nada, por el motivo, el interés que tenga el estudiante en aprender.

Por supuesto, la motivación no va a conseguirse solamente con frases y expresiones motivadoras.  Si no se hace algo concreto para cambiar de raiz la razón por la cual el estudiante siente temor, desconfianza y desgano,  por más que se le hable bonito y se le trate de motivar, la actitud negativa va a prevalecer.

Las herramientas

Ahí es donde viene el tema de las herramientas.

Un estudiante piensa que el tiempo dedicado a la lectura va a ser perdido porque está acostumbrado ya a leer y no retener bien lo que lee.  Sabe que le tomará mucho tiempo y que el resultado no será satisfactorio.  Luego, para que efectivamente cambie esa actitud negativa, primero tiene que cambiar la realidad marcada por una lectura deficiente.

La lectura deficiente no es el único problema, viene, usualmente acompañada de métodos de estudio inadecuados y de un absoluto desconocimiento acerca de cómo asegurar que lo que ha estudiado no se le va a olvidar.

Afortunadamente, esta situación puede corregirse si el estudiante adquiere las herramientas adecuadas, las que nos brinda el aprendizaje acelerado.  La Lectura Veloz, que no solo nos permite leer en mucho menos tiempo, sino que nos brinda una mejor comprensión de lo leído, combinada con un Método de Estudio comprobado y técnicas efectivas de Memoria, son una solución que mejora dramáticamente el funcionamiento de cada estudiante que las aprende y, sobretodo, mejora su actitud hacia el estudio.

 

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