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5 Condiciones que afectan la lectura y cómo mejorarlas

Por José R. Fortuño Candelas

Esta semana quiero hablarte de 5 condiciones que afectan la lectura, tanto en nuestra velocidad como en nuestra comprensión, y cómo mejorarlas. Durante los adiestramientos que ofrezco en Lectura Veloz, muchas veces he podido identificar problemas que tienen las personas con su lectura. Algunos de estos problemas pueden corregirse y la lectura mejorará significativamente.

1. La vista

Cualquier problema visual podría estar afectando negativamente, nuestra capacidad de leer. Muchas veces, estos problemas son dejados de lado por la prisa, la desidia e, incluso, la preocupación por la apariencia.

No es raro que un estudiante de este curso se percate, en el transcurso del mismo, de ciertas deficiencias en su vista.

Es importante que, si se tiene cualquier duda al respecto, se acuda a un profesional de la vista, un optómetra u oftalmólogo y se haga un examen.

2. Movimientos innecesarios

El más frecuente de los movimientos innecesarios es el de la cabeza. Mientras más se mueve la cabeza en la lectura, más coordinación hay que hacer entre los ojos, la cabeza y el libro. Trate de no mover la cabeza o moverla sólo muy levemente. La lectura es con los ojos y son éstos lo que deben moverse.

Tampoco deben moverse los pies, las manos, el resto del cuerpo, pues esto causa distracción.

3. Ergonomía

Una posición correcta del cuerpo y los elementos circunstanciales de la lectura permitirá una mayor concentración, leer por más tiempo y a mayor velocidad.

La posición ideal es leer sentado, en una silla cómoda, con el libro apoyado en un atril, a 45˚ de inclinación, y a una distancia que nos permita enfocar adecuadamente. La iluminación debe ser abundante y clara.

Leer en sillones muy cómodos propicia el sueño y, hacerlo en la cama o acostados en un sofá, mucho más. La lógica será, entonces, “cómodo, pero no tanto”.

Las posiciones incómodas, la más usual de las cuales es sentarse en una mesa, con el libro sobre la misma y la cabeza inclinada sobre el libro, van a causar molestia en la espalda, interrupción de la iluminación y cansancio prematuro.

Es conveniente, también, cada cierto tiempo interrumpir la lectura y caminar un poco o hacer algún ejercicio. Así evitamos el cansancio y entumecimiento del cuerpo y los lapsos en el trabajo ayudan a mejorar nuestra comprensión de lo leído.

Cuando se lee de una pantalla, es más importante aún prestar atención a la iluminación, pues los reflejos causan molestia y cansancio adicional. La posición de la pantalla debe adaptarse a la mayor comodidad del usuario.

4. Ambiente

Para leer, es conveniente buscar o crear el ambiente adecuado. El lugar, el clima, los ruidos, la hora y otras actividades alrededor nuestro pueden impedir o favorecer nuestra lectura.

Escoge un lugar, en tu casa, oficina, facultad o biblioteca, donde puedas leer sin interrupciones. Muchas personas se disponen a leer precisamente donde y cuando más interrupciones hay a su alrededor. Por ejemplo, tratan de leer en la casa, mientras, a la vez, tienen el televisor prendido o hay varias personas en el área conversando. Otros intentan leer en lugares con mucho movimiento, como cafeterías o pasillos muy concurridos en las universidades.

Mientras más actividades y estímulos visuales y auditivos haya a tu alrededor, más se dividirá tu atención entre todas ellas. La lectura quedará relegada a un segundo plano.

En el hogar, es importante establecer el espacio donde se va a leer, y, si es necesario, obtener la cooperación de las otras personas que conviven con nosotros para que respeten nuestro espacio y tiempo de lectura. Leer no es “algo que se hace cuando no hay nada más entretenido”, como a veces parecen pensar muchas personas. Leer es una actividad muy importante para el desarrollo personal y debe ser respetado por todos.

Si debes leer en tu trabajo, asegúrate de impedir las interrupciones. Establece periodos de lectura de 30 ó 60 minutos y no recibas llamadas ni visitas en ese tiempo. De no hacerlo, ya te verás llevándote el material de lectura para tu casa, con el consecuente sacrificio de tus horas de descanso.

En la universidad o escuela, no trates de leer en lugares muy concurridos, como la cafetería o los pasillos, a menos que estés leyendo el periódico o alguna revista. Para leer los textos de tus estudios, vé a la biblioteca y, preferiblemente, ubícate en algún cubículo apartado donde nadie te moleste.

Escuchar música, si es del tipo que no te exije atenderla y entenderla, puede ayudar a crear un ambiente relajado favorable para la lectura. Si la música, por su letra o por su estilo, te hace estar pendiente de la misma, no te conviene usarla.

La televisión, especialmente, debe evitarse mientras se lee. Los productores de televisión y, en especial, los publicistas, invierten mucho dinero y muchas horas de esfuerzo en un propósito muy particular: que no despeguemos la vista del televisor para que no cambiemos el canal y veamos sus anuncios y programas. Ningún libro, por interesante que sea, puede competir razonablemente contra eso. El resultado de tratar de leer mientras se mantiene el televisor prendido será que se tomará una cantidad de tiempo excesiva en la lectura y la comprensión será mínima.

Tampoco se puede leer concentradamente si se está tratando de hacer varias cosas a la misma vez. Es muy común, hoy día, ver a personas “leyendo” mientras, a la vez, tienen varias páginas de internet abiertas. No es posible leer concentrado y conversar al mismo tiempo con varias personas en un chat, estar pendiente de los mensajes, etc. Es preferible que se alterne el tiempo de esas actividades. Por ejemplo, leer durante 15 ó 20 minutos, y hacer una interrupción de 5 ó 10 minutos para ver los mensajes, actualizarnos en las redes, etc.

Otro distractor muy común para la lectura lo representa el teléfono. Establece el tiempo en que vas a estar leyendo y apaga el teléfono (la mejor manera), o deja que reciba el mensaje. Si es importante la llamada, trata de que sea corta y regresa a tu lectura. No dejes que cualquier persona interrumpa tu lectura solo porque quiere hablar ahora.

La hora para leer debe ser escogida de acuerdo a la realidad de cada cual, lo que incluye desde la disposición natural –hay personas “nocturnas” o “diurnas”–, hasta las rutinas que el trabajo, los estudios y los compromisos personales nos imponen.

A manera de ejemplo, hay personas que hacen la costumbre de leer temprano en la mañana, pero otros no pueden comenzar a hacerlo hasta entrado el día. Evalúa tu particularidad y ajusta tus periodos de lectura a los de tu mayor productividad para la actividad intelectual.

La rutina y las diversas obligaciones nos afectan mucho, pero podemos hacer algunos ajustes para favorecer nuestra lectura. Por ejemplo, muchas personas se quejan de que enseguida que se ponen a leer, se quedan dormidas. Cuando vemos sus hábitos, encontramos, a menudo, que empiezan a leer a última hora de la noche, luego de completa

r todos sus asuntos. Un cambio en el periodo de lectura, sustituir la lectura por un programa de televisión más temprano en la noche, por ejemplo, puede significar una mayor productividad. Las actividades que requieren menor esfuerzo mental deben ser relegadas a los periodos donde, naturalmente, nos encontramos más cansados.

5. Emociones

Las preocupaciones y el estrés son enemigos naturales de una actividad que requiere concentración como lo es la lectura.

Un método de reducir el impacto de estos factores negativos es el considerar la lectura como una tarea específica, con hora de inicio y terminación. Mientras estés leyendo, estarás cumpliendo con una tarea propuesta, sea por tu trabajo, estudios o por tu propio desarrollo personal y, como tal, sabrás que durante ese tiempo de la lectura, no puedes ocuparte de otros asuntos.

Practica ejercicios de relajamiento y respiración frecuentemente y antes de comenzar la lectura, pues los mismos le ayudarán a crear un estado óptimo. Hay diversos cursos y libros para este propósito.

Si el efecto del estrés te impide leer, busca ayuda profesional inmediatamente.

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