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Lectura Veloz: una inversión con inmensos beneficios


Al pensar en la Lectura Veloz, muchas personas reconocen que les sería de gran ayuda. Saben que leer más rápido les permitirá completar las lecturas de sus estudios, su trabajo, sus necesidades de actualización profesional y su enriquecimiento cultural en mucho menos tiempo.

Pero, ¿has pensado que un entrenamiento en aceleración de la lectura puede redundar en enormes beneficios económicos para tu persona o tu empresa? Acompáñanos en los siguientes párrafos y verás cómo la Lectura Veloz es una inversión que se recupera casi inmediatamente y que, sobre todo, rinde ganancias enormes.

La lectura es y seguirá siendo la vía principal de obtención de información y desarrollo de investigación y estudio. Ya sea que estudiamos formalmente –escuela o universidad–, o que leemos porque nuestro trabajo lo exige, o sea que necesitamos actualizar nuestros conocimientos, como es mandatorio en cualquier profesión hoy día, todos dedicamos una gran cantidad de horas a la lectura.

Te invito a que hagas el ejercicio de calcular la cantidad de horas que necesitas leer cada semana. Estima y suma lo siguiente:

– Lectura de documentos, informes y formularios en el trabajo,

– Lectura de cartas y mensajes electrónicos,

– Búsquedas y navegación en Internet
(sí, lo que estás haciendo casi todo
el tiempo que estás en Internet es eso, leyendo),

– Investigaciones y búsquedas de referencias,

– Lectura de revistas profesionales,

– Lectura para cursos o seminarios de educación continua,

Al hacer este cálculo, es importante que incluyas las lecturas que haces en casa, aunque sean relevantes para tu trabajo, pues es tiempo que añades (o regalas) a tu trabajo y que quitas de tu tiempo libre y familiar y, por tanto, tiene un valor en dinero. Además, incluye el tiempo de las lecturas que no haces porque “no te da el tiempo” pero que sería muy importante que hicieras.

No es extraño que un profesional encuentre que la cantidad de horas de lectura se aproxime a unas 10 a la semana, lo que equivale a una cuarta parte de una jornada regular de 40 horas de trabajo semanal. Puede ser más o menos de eso, pero tu propio cálculo te dará una buena idea.

Además de estimar la cantidad de horas de lectura, debes conocer el valor de tu hora de trabajo. Si cobras por hora no te será difícil, pero si no cobras por hora, estímalo tomando en cuenta que cada $10.00 de ingreso por hora equivale a unos $20,000 en ingresos anuales, algo más de $1,700 mensuales y a $400 semanales.

Ahora multiplica la cantidad de horas de lectura semanales por el valor de tu hora de trabajo y tendrás una idea de lo que vale, en dólares, el tiempo de lectura. Multiplica esto por 52 y tendrás una idea de lo que vale tu tiempo de lectura en un año.

Para conocer el valor de la inversión en un entrenamiento en Lectura Veloz, utilizaremos el mínimo de expectativa de progreso que NILVEM estima para cada estudiante, que es la triplicación de la velocidad de la lectura. Sí, lo mínimo que nosotros esperamos y que le aseguramos a cada estudiante matriculado en nuestro curso es que va a leer tres veces más rápido, comprendiendo mejor. Es decir, que va a reducir a una tercera parte su tiempo de lectura.

Muchos estudiantes tienen un progreso muy superior, pero vamos a usar el mínimo para efectos del cálculo propuesto.

Una persona que tiene un ingreso de $25,000 al año, –lo que equivale a unos $12.00 por hora–, y que necesita unas 10 horas de lectura semanales, invierte unos $120 semanales en lectura y tanto como $6,240 al año.

Si reduce ese tiempo a una tercera parte, se estará ahorrando $80 semanales, y $4,160 al año.

El costo del curso de Lectura Veloz es $700.00. La persona del ejemplo habrá pagado el costo del curso con lo que se ahorra en 9 semanas y la inversión en el curso le rendirá un beneficio de casi 600% en el primer año. Año tras año seguirá beneficiándose de la inversión inicial.

Para conocer el verdadero valor de tu inversión en la Lectura Veloz, puedes ir a la página:

  Conoce el valor de tu inversión

donde podrás calcular de acuerdo a tus propios datos.

Si eres un patrono o gerente en una empresa, estima, además del valor de tu propio tiempo de trabajo, el de tus empleados. Verás que el tiempo ahorrado significa una gran cantidad de dinero para la empresa, además de la seguridad de que el empleado va a cumplir con todas sus tareas, cosa que, por supuesto, dudamos en el caso de los “lectores lentos”.

En una empresa con seis empleados como el del ejemplo anterior, el brindarles el entrenamiento en Lectura Veloz podría representar que ellos dispondrán de 40 horas más a la semana para otras tareas productivas, lo que equivale a ¡un empleado más!

Te invito a que hagas estos cálculos, puedes usar nuestra página para ello:

  Conoce el valor de tu inversión

o llámanos al 787 347-4415, que con gusto te ofreceremos más detalles de este extraordinario curso y los muchos beneficios que te puede reportar.

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No temas al cambio…¡únete!

Por José R. Fortuño Candelas
NILVEM

“LO ÚNICO permanente es el cambio”, estas palabras, pronunciadas por primera vez por un filósofo griego hace más de 2,000 años, se han vuelto la realidad que vivimos todos los que trabajamos y participamos, de alguna manera, en la “Sociedad del Conocimiento”. El cambio es continuo y cada cambio no hace sino abrir paso a nuevos cambios.

Ante esta realidad, podemos meter la cabeza en la arena, pero no podemos escapar. El cambio nos acosa por todas partes y, con razón, a veces nos sentimos asustados. ¿Qué hay de la estabilidad de los empleos, de las empresas? Muy poco. ¿Cuánto tiempo va a pasar antes de que una tecnología, una máquina o una forma de hacer las cosas se pongan obsoletas? Muy poco tiempo.

  1. Los gobiernos van a seguir dejando de absorber los problemas de desempleo y van a seguir abandonando áreas de gestión, dejándolas en manos de las iniciativas privadas. Cada día más y más personas van a salir de las agencias gubernamentales a enfrentar un mundo mucho más fluido y, sobre todo, más hostil.
  2. Las empresas van a seguir, cada vez más, intentando nuevas reorganizaciones, reestructuraciones y, en fin, reingenierías de los procesos en busca de obtener una ventaja, por pequeña que sea, en la productividad y en la capacidad de manejar las innovaciones. Por ello, departamentos enteros van a continuar desapareciendo o al menos disminuyendo dramáticamente de tamaño, o van a seguir siendo trasladados de un lado a otro o sustituidos por nuevas formas de hacer las cosas.
  3. Las tecnologías van a seguir cambiando a un ritmo cada vez más acelerado, arrasando o sustituyendo sectores enteros de la producción y los servicios.

Esto se hace todavía más real cuando observamos las tendencias más importantes en nuestro alrededor, que podemos resumir en tres:

¿Cómo puedo manejar esta situación y salir a flote? Esta es la pregunta y, afortunadamente, tiene contestación. Estamos en la “sociedad del conocimiento”, ahora el verdadero valor de los individuos y de las organizaciones empresariales no está en qué o cuanto tienes, sino en qué sabes y cuánto conoces. Pero, más aún, no está en lo que sabes o conoces ya, sino en cómo aprendes y cómo procesas la cantidad de información y conocimientos que se produce a diario para adelantarte a los cambios.

En la Sociedad del Conocimiento, la ventaja es del que tiene la mayor capacidad de aprender y adaptarse o, mejor aún, prevenir los cambios; producirlos, si es posible. Luego, tenemos que evaluar, como individuos y como organizaciones, en el caso de las empresas, qué estamos haciendo para adelantarnos a los posibles cambios, a las nuevas situaciones que se producirán en ese futuro que se acerca aceleradamente. Como individuos, preguntémonos cuán al día estamos en nuestra área de conocimientos y, si observamos que estamos algo atrasados, comencemos inmediatamente a resolver ese problema, pues si no lo hacemos quedaremos en el camino. Cada minuto y cada dólar invertido en nuestra propia educación tendrán un rendimiento mucho más alto que cualquier otra inversión que hagamos.

Tratemos de entender, además, cuánto futuro tiene nuestra área de conocimientos ante la vertiginosa oleada de cambios que se aproxima. Si la respuesta es que podríamos quedar en el camino, o si, peor aún, no podemos dar una respuesta clara, entonces, además de actualizarnos en nuestro área, debemos, simultáneamente, considerar rutas alternas para dar un salto en el momento conveniente, no cuando ya no haya más remedio.

Hay que considerar que, hoy día, en los Estados Unidos la persona promedio cambia de trabajo y, posiblemente, de área, unas siete veces en su vida productiva. Esa tendencia no va a disminuir. Ese cambio, en cada uno de nosotros: ¿será producido por que hemos alcanzado la obsolescencia en nuestra área o será producto de nuestra propia actividad prospectiva, de nuestra preparación y anticipación de las situaciones nuevas? La respuesta es crítica, porque si cambiamos por necesidad impuesta lo haremos, seguramente, para empeorar. Pero si cambiamos porque previmos y nos preparamos, podremos escoger nuestra propia ruta y adelantar nuestros objetivos personales.

En conclusión, el valor más preciado para cada uno de nosotros en estos tiempos es la capacidad de aprender nuevas cosas, de realizar los cambios que sean precisos dentro de nosotros mismos para estar en capacidad de enfrentar las nuevas situaciones con firmeza y, mejor aún, anticiparlas y hacerlas ocurrir de acuerdo a nuestra mayor conveniencia.

Decía Heráclito: “el río no es nunca dos veces el mismo río”. Ahora, cuando esta verdad se nos ha venido encima, debemos entender que está dentro de nosotros mismos, en nuestra capacidad de aprendizaje, adaptación y previsión de los cambios, la clave para que el río no nos lleve.

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