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¿Es posible -realmente- leer mejor?

Si le haces la pregunta del título a la mayoría de las personas, seguramente, la contestación será negativa. Es posible que tu propia contestación también sea negativa. O, al menos, escéptica, dudosa.

Lo curioso es que quienes asumen esta actitud de negación o duda de la posibilidad de mejoramiento de la lectura, casi siempre admiten estar descontentos con su forma de leer y los resultados que obtienen. ¿Por qué, entonces, esa actitud resignada y fatalista?

Leer es un proceso aprendido, usualmente, a temprana edad. Cuando ya el niño lee bastante de corrido, en el tercer grado de escuela elemental, se considera la lectura como dominada. De ahí en adelante, se le asignan lecturas en forma progresiva, pero la destreza, la forma de leer, ya no se toca.

De manera que la destreza más importante en el aprendizaje, no sólo el académico, sino durante toda la vida, se considera dominada a los ocho años de edad. Aquí encontramos la raíz de la ineficacia de la lectura y, también, de la pobre actitud hacia la misma que tiene la mayoría de la gente.

¿No te sientes, al menos en parte, identificado con esta situación?

Veamos lo que pasaría si se asumiera una actitud pedagógica parecida en otro escenario. Digamos que tenemos un niño que muestra aptitud y talento hacia un deporte. Supongamos que, entre los cinco y los ocho años de edad, le enseñamos todo lo que se puede a esa edad sobre la práctica de dicho deporte. Asumamos que el niño es, a sus ocho años, el mejor en su disciplina.

Ahora dividamos el ejemplo en dos posibles desarrollos. En el primero, no le enseñamos nada nuevo ni lo entrenamos más, pero el niño sigue practicando el deporte con sus amigos todos los días. En el segundo, seguimos dándole al niño enseñanzas y entrenamientos continuamente y, además, el niño juega el deporte bajo supervisión todos los días.

¿Qué podríamos esperar del niño a los 16 años en cada una de las dos situaciones? ¿En cuál de los dos posibles desarrollos podríamos suponer que el niño se va a convertir en un gran prospecto?

Claramente, el niño que no siguió recibiendo instrucción y entrenamiento, aunque tuviera un gran talento natural, no va a destacar significativamente sobre los demás. En cambio, el niño que recibió instrucción, entrenamiento y refuerzo durante todo ese tiempo, seguramente seguirá siendo el mejor y tendrá un gran futuro.

Ahora piensa, ¿a cuál de los dos ejemplos se parece más tu proceso de aprendizaje de la lectura? ¿Al del niño que le siguieron mejorando la técnica o al que solamente lo dejaron practicar sin entrenamiento?

Lamentablemente, la enseñanza de la lectura abandona el entrenamiento en la destreza muy temprano y la misma nunca llega a dominarse plenamente. Las consecuencias son la baja velocidad y comprensión y, sobretodo, una pobre actitud y hábito de lectura.

Afortunadamente, esta situación puede corregirse y nunca es demasiado tarde, si ponemos empeño y aprendemos los métodos adecuados para el mejoramiento de la lectura.

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